Facebooktwittergoogle_pluspinterestFacebooktwittergoogle_pluspinterest

Como  es tradición en estas fechas señaladas es comer el famoso “ROSCÓN DE REYES” aquí os traemos su tradición y su famosa receta buen provecho y felices Reyes.

Elena G.

Roscon-de-Reyes.jpg

El roscón de Reyes (denominado también rosca de Reyes en Hispanoamérica, rosco de Reyes o pastel de Rey) es un bollo elaborado con una masa dulce con forma de toroide adornado con rodajas de fruta cristalizada (escarchada) o confitada de colores variados, suele rellenarse de nata montada o crema, en la actualidad también de moca, trufa o chocolate, y se introducen en su interior “sorpresas” que descubren los niños al comer.  Se sirve para merendar el día 6 de enero denominado día de Reyes.

Por influencia posterior este bollo navideño se sirve igualmente en otros países (principalmente en Argentina y en México) durante las mismas fechas, así como en Portugal. Es frecuente que se acompañe de una taza de chocolate. Se puede servir en el desayuno o en la merienda. La masa con la que suele estar elaborado se aromatiza con agua de azahar, que le proporciona un aroma característico.

Muchas son las tradiciones paganas que con el transcurrir de los años han acabado incorporándose en las celebraciones de corte religioso, y este es el caso del famoso “Roscón de Reyes”, que como bien sabéis se toma de postre y merienda el día de Reyes, siendo ésta la última de las celebraciones del periodo navideño.

Pero este rico dulce que se convierte en el protagonista indiscutible de la sobremesa cada 6 de enero en algunos hogares se tiene la costumbre de comerlo el día 5 por la tarde, en la víspera del día de Reyes, nada tiene que ver en sus orígenes con el nacimiento de Jesús y la llegada de los Reyes Magos al Portal de Belén.

Para encontrar su verdadero origen hemos de viajar hasta el siglo II a.C., en el que a mediados del mes de diciembre, tras la finalización de los trabajos en el campo y a lo largo de una semana, se realizaban unas celebraciones paganas conocidas como  “las Saturnales” como homenaje a Saturno,  dios de la agricultura y las cosechas en las que se festejaba la finalización del periodo más oscuro del año y el inicio de la luz, pero hemos de tener en cuenta que en aquella época el año no acababa en diciembre, sino que se alargaba hasta finalizar el mes de febrero.

fiestas-saturnales-romanas-catering-la-vaquita

El origen del roscón parece estar relacionado con las saturnales romanas aunque en la actualidad algunos lo relacionan con una representación complementaria y comestible de la corona de adviento, aún cuando la tradición de la corona de adviento es muy posterior en España, lo que hace muy dudosa esa relación. Éstas eran fiestas dedicadas al dios Saturno con el objeto de que el pueblo romano en general pudiera celebrar los días más largos que empezaban a venir tras el solsticio de invierno. Para estos festejos, se elaboraban unas tortas redondas con higos, dátiles y miel, que se repartían por igual entre los plebeyos y esclavos. Ya en el siglo III, en el interior del dulce se introducía un haba seca, y el afortunado al que le tocaba era nombrado rey de reyes durante un corto periodo de tiempo establecido de antemano. Desde los romanos existían juegos del haba en la península ibérica.

Las Saturnales eran un periodo de fiesta y jolgorio en el que los esclavos estaban excusados de cualquier trabajo y podían pasar esos días de una manera divertida y licenciosa.  Entre las muchas viandas que se preparaban para tal celebración se realizaba una torta a base de miel y en la que se le introducía algunos frutos secos, dátiles e higos. Este postre se convirtió en uno de los más populares durante la celebración de la “fiesta de los esclavos”, como también era conocido dicho festejo.

Se calcula que fue en el siglo III d.C. cuando se introdujo la conocida haba, ya que ésta se consideraba un símbolo próspero y de fertilidad, por lo que a aquel que se encontraba en su porción de torta con esta legumbre se le auguraba prosperidad durante el resto de año.

Tras finalizar la persecución a los cristianos e imponerse esta religión como la oficial en el Imperio Romano, las celebraciones paganas (entre ellas las Saturnales) fueron desapareciendo, pero no así algunas costumbres como la de la torta que contenía un haba y que con los años había ido adquiriendo la forma de roscón.

No en todos los lugares se mantuvo la costumbre de comer este postre, aunque sí quedó bastante arraigada en Francia donde se convirtió en toda una tradición entre la aristocracia y realeza gala y en la que adquirió gran parte de su actual popularidad. Las familias se reunían para comerlo y ver quién era el afortunado al que le salía tal preciada legumbre, comenzando a ser conocida tal celebración como “el Rey del haba” (le Roi de la fave).

Pero llegamos al siglo XVIII en el que, un cocinero, con ganas de contentar al pequeño rey Luis XV, introdujo como sorpresa en el roscón una moneda de oro (algunas fuentes indicaban que fue un medallón de oro y rubíes). Evidentemente, a partir de ese momento la moneda adquirió más valor simbólico que el haba, convirtiéndose en el premio deseado, mientras que nadie quería que le tocase la famosa legumbre.

Julio Caro Baroja recoge en su obra “El Carnaval” dos testimonios del siglo XII sobre el Roscón de Reyes o el Rey de la Faba; el primero corresponde al Reino de Navarra, donde en 1361 se designaba Rey del Faba al niño que encontraba el haba en el roscón (como en la actualidad); el segundo testimonio corresponde a Ben Quzman, poeta andalusí, quien en su Cancionero describe una tradición similar con una torta (hallón o hallullo, vocablo que permanece en Granada) en el año nuevo que contenía una moneda. Tradiciones ambas que se han conservado durante siglos.

En Francia toman le Gâteau des Rois, también llamado Couronne des Rois, que es idéntico al roscón, y la Galette des Rois propia del norte del país, que se hace con masa de hojaldre y se puede rellenar con una crema a base de almendras molidas, azúcar, algo de mantequilla y yema de huevo.

Es muy probable que de esta tradición con diversos nombres en Navarra, Andalucía, Valencia, Cataluña (Tortell de Reis, …, tenga un origen común, no existiendo documentos que atestiguen la prevalencia de alguna. En cualquier caso, la popularidad del roscón de Reyes en el conjunto de España es relativamente reciente.

El pastel que se hace en los países latinos tiene forma de rosca, más o menos imitando una corona real, cubierto de frutas escarchadas, que semejan las joyas de la corona, y tenía escondida en su interior una pequeña sorpresa, a veces de gran lujo y valor.

Curiosamente esta torta es conocida en la cocina lusa como “Bolo Rei” y, aunque no es igual en ingredientes, la costumbre sí lo es. En México la tradición fue importada en el siglo XVI desde España, y es costumbre en muchos sitios del país merendar la Rosca de Reyes con chocolate caliente o atole, además de adornarla con miel y frutos del desierto, como dátiles, ate e higos. Hasta hace pocos años en que fue declarada en ese país como una especie en extinción, se le agregaba también acitrón.

En Colombia el roscón alcanza su máxima popularidad y se vende durante todos los días del año en las panaderías. Su precio es accesible y suele tener por relleno jalea de guayaba o arequipe (dulce de leche).

Aunque la tradición de comer el roscón y todo lo que conllevaba ya era conocida en España, Felipe V trajo la nueva modalidad de introducir una moneda como premio (que con los años se cambió por una figurita de cerámica) a la vez que el haba en el postre se había convertido en un símbolo negativo.

Algunas fuentes apuntan que, durante un tiempo, la costumbre de introducir un haba desapareció, volviendo a reaparecer a mediados del siglo XIX, siendo escogida la tradicional fecha del día de Reyes para ser degustado y creando alrededor de este riquísimo dulce toda una parafernalia en la que el afortunado al que le salía la figurita era coronado como el “rey de la fiesta” y al que le salía el haba debía pagar el postre, a la vez de ser nombrado por todos como el ‘tonto del haba’ (origen del famoso insulto “tontolaba”)

RECETA

Ingredientes:

650 g de harina de fuerza

250 ml de leche tibia

25-30 g de levadura fresca

120 g de azúcar

120 g de mantequilla o margarina derretida

2 huevos y 1 yema

10 g de sal

2 y 1/2 cucharadas de agua de azahar

Piel rallada de 1 limón grande y 1 naranja

PARA DECORAR

Frutas escarchadas al gusto

Azúcar

1 huevo batido

Una naranja

Figuritas horneables

1 Haba

PREPARACIÓN

Primero se mezcla un poco de los 250 ml de leche tibia con 2 ó 3 cucharadas de la harina de fuerza. Se añaden 25-30 gr de levadura fresca desmenuzada y lo removemos todo. Se tapa y se deja fermentar unos 15 ó 20 minutos en un lugar cálido para que fermente.

Una vez la masa de arranque ha fermentado, en un bol grande añadimos el resto de la harina y vamos añadiendo poco a poco el resto de ingredientes: azúcar, ralladura de limón y naranja, sal, leche, 2 huevos, azúcar, la masa de arranque que teníamos en otro recipiente fermentando, el agua de azahar y por último la mantequilla o margarina derretida. Removemos hasta que quede una masa homogénea.

Enharinamos una superficie lisa, y amasamos durante unos minutos con nuestras manos. Si es necesario le añadimos un poco más de harina para poder trabajar bien la masa. Le vamos dando forma de bola a nuestra masa, y una vez bien amasada, la guardamos en un recipiente hermético o tapada con uno o dos paños húmedos durante un par de horas en un lugar cálido y sin corrientes.

Después de un par de horas la masa debe haber crecido aproximadamente el doble. La sacamos del recipiente y en una superficie lisa enharinada, la amasamos de nuevo y poco a poco le vamos dando forma a nuestro roscón. Con esta masa nosotros hemos hecho dos roscones, uno más grande y otro más pequeño, pero podéis hacer uno más grande o hacer dos medianos. Si vamos a hacer dos roscones, separamos la masa y amasamos cada una de ellas dándole forma y haciendo el agujero con los dedos. El agujero se hará más pequeño al hornearlo, así que es conveniente hacerlo grande. Los debemos dejar nuevamente reposar durante aproximadamente una hora bien cubiertos y en un lugar caliente, un buen truco es encender el horno previamente a 50°C y apagarlo, y meter los roscones en el horno apagado para que se mantengan calientes.

Finalmente, podemos pintar nuestros roscones con huevo, y decorarlos a nuestro gusto, por ejemplo con fruta escarchada, naranjas confitadas, almendras laminadas, azúcar glass, o lo que prefiramos. Si queremos añadirle una figurita y el haba, es el momento de esconderla bien dentro de la masa.

Una vez tenemos nuestros roscones decorados, los metemos en el horno precalentado a 18o°C durante unos 20 minutos, si tenemos un roscón pequeño posiblemente esté listo a los 15 minutos. Los sacamos, los dejamos enfriar un poco y si nos gusta, podemos cortarlos por la mitad y rellenarlos de nata, trufa o nuestro relleno favorito.

 

Su resultado este

roscondereyes

Elena G.

Facebooktwittergoogle_pluspinterestFacebooktwittergoogle_pluspinterest