EL UNIVERSO POR DESCUBRIR

Misterios, Ovnis, Mitología, Sucesos Paranormales, Historia, Leyendas, Conspiraciones, Militaria y Noticias.

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HALLOWEEN “LA BRUTAL FIESTA CON SACRIFICIOS HUMANOS Y BRUJERÍA PROHIBIDA POR ROMA”

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La «noche de brujas» está basada en la antigua Samhain (o Samagín), una celebración milenaria en la que los hechiceros trataban de apaciguar al señor de la muerte y pedir por las almas de los fallecidos

Calabazas, disfraces y jolgorio. Lo que hoy en día se conoce como Halloween (las costumbres que nos han llegado empaquetadas desde Estados Unidos gracias a las películas) poco tiene que ver con la fiesta de la que proviene Y es que, el origen de esta celebración se encuentra en el Samhain o Samagín. Una conmemoración celta milenaria en la que los druidas de la antigua Britania pedían por las almas de los fallecidos al dios de la muerte; se encendían gigantescas fogatas para ahuyentar a los espíritus malvados y, además, se llevaban a cabo sacrificios humanos para ver el futuro. La barbaridad a la que llegó fue tal que, cuando los romanos arribaron a las islas, prohibieron parte de las actividades.

Con todo, los orígenes de la fiesta se han difuminado en el tiempo provocando que las interpretaciones sobre qué diablos se hacía en aquella celebración sean muchas. De hecho, se desconoce el momento exacto en el que se empezó a suceder.

Tan solo se sabe que tenía como protagonistas a los hechiceros britanos y que ya se practicaba antes de la conquista romana de las islas. Una campaña militar que comenzó con Julio César en el año 55 a.C. y que se empezó a materializar definitivamente en el 43 con Claudio. Independientemente de la fecha concreta, todas las fuentes coinciden en que el Samagín giraba alrededor de los druidas, los sacerdotes del pueblo celta.

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Druida

«El pueblo céltico vivió en el norte de Francia y las Islas Británicas. Practicaba las artes ocultas y adoraba a la naturaleza, a la que atribuía cualidades animísticas o sobrenaturales», explican los autores John Ankerberg y John Weldon en su libro «Facts on Halloween».

Por su parte, el arqueólogo e historiador decimonónico Henri Hubert explica en su obra «Los celtas y la civilización céltica» que este pueblo se mantenía unido gracias -entre otras tantas cosas- a los druidas, a los que se daba gran importancia como encargados de contentar a los dioses. «Eran una clase de sacerdotes expresamente encargados de la conservación de las tradiciones», determina el experto.

Samagín y Belenus

Como pueblo que basaba una buena parte de su existencia en la naturaleza, los celtas daban una importancia suma a los ciclos estacionales. Para ellos, el año se dividía en dos grandes épocas: el invierno y el verano. La primera, asociada con la muerte; la segunda con la vida. Y, para conmemorar el paso de una a otra, celebraban dos fiestas en honor a los respectivos dioses a los que asociaban cada una de ellas. «Los celtas adoraban al dios sol (Belenus) especialmente en Beltane, el primero de mayo. Y adoraban a otro dios, Samagín, el dios de la muerte o de los muertos, el 31 de octubre», determinan los autores en su obra.

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Stonehenge

De la segunda fiesta que se llevaba a cabo en honor de esta deidad es de la que proviene el actual Halloween. Según afirman la mayoría de las fuentes, el festival de Samagín duraba tres días y tres noches y en él se conmemoraba el «inicio de la estación muerta del año, en la cual campos y seres vivos dormían a la espera de la próxima primavera» (tal y como explica la doctora en historia Margarita Barrera Cañellas en su tesis «Halloween, su proyección en la sociedad estadounidense»).

Podría parecer que esta fiesta era entendida una celebración de segunda categoría, pero nada más lejos de la realidad. Al fin y al cabo, los propios druidas consideraban a su civilización y al pueblo britano descendientes del dios de la muerte. Con todo, tan cierto como esto es que existen autores partidarios de que Samagín era únicamente el nombre que se le dio a la festividad, y no el de ninguna deidad. «De los 400 nombres de dioses celtas conocidos, el que más se menciona es el de Belenus. Samagín, que es nombre específico del señor de la muerte, es incierto. No obstante, es posible que fuera la principal deidad druídica», explican Ankerberg y Weldon.

Las creencias

Las creencias de los druidas afirmaban que, en la noche del 31 de octubre, Samagín convocaba a los muertos para que pasasen «al otro lado». Es decir, del mundo de los fallecidos, al de los vivos. Sin embargo, estos espíritus podían llegar al «más acá» de dos formas diferentes atendiendo a si habían sido «buenos» o «malos» durante los últimos meses.

Si el dios consideraba que no habían cumplido con sus deberes, hacía que se reencarnasen en animales tras el ocaso. Por el contrario, aquellos que habían obrado acorde a lo que quería la deidad eran libres de visitar a sus familiares con su forma humana y pasar unas horas en sus antiguos hogares antes de regresar al limbo.

Además, la noche del 31 era considerada especialmente esotérica por los druidas. «Creían que el velo existente entre el presente, el pasado y el futuro caía, siendo esta la razón de que se considerase como el momento más propicio para todas las clases de artes mágicas y, en especial, las adivinatorias y de predicción sobre el nuevo año», completa la experta en su tesis. Era, en definitiva, una jornada mágica en el sentido más literal de la palabra en la que el miedo a los muertos se mezclaba con la esperanza de recordar a un familiar que hubiese dejado este mundo.

Sacrificios y hogueras

Durante las celebraciones, los celtas practicaban varios rituales. Uno de los más básicos era apagar todos los fuegos que hubiese encendidos en las casas con dos objetivos. El primero era evitar que los espíritus errantes (los malvados) entrasen en las viviendas al considerarlas frías. El segundo, simbolizar la llegada de la estación «muerta» y oscura del año. De esta forma, los diferentes pueblos se quedaban totalmente a oscuras y solo eran iluminados por una cosa: las hogueras gigantescas que los druidas encendían en las colinas.

«Los druidas o clase sacerdotal celta encendían nuevos fuegos centrales en las colinas como símbolo del renacimiento de la Naturaleza y de la vida durante la noche de Samhain. En estos nuevos fuegos se quemaban principalmente ramas de roble, árbol sagrado para los celtas, y ofrendas de frutos, animales e incluso seres humanos. Al día siguiente en las cenizas y restos de huesos calcinados los druidas leían el futuro de la comunidad en el nuevo año que comenzaba», completa la doctora en historia en su obra

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Conquista romana de Britania

Estas fogatas eran encendidas con todo tipo de objetos que los jóvenes reunían en los días previos a la celebración. ¿Cómo lo hacían? Mediante una tradición que se mantiene en la actualidad: pidiendo materiales de casa en casa para la gran hoguera.

Los fuegos eran un elemento central de la celebración, pues se creía que con ellos se lograba espantar a los espíritus malignos que, enfadados por haber sido castigados por el dios de la muerte, se dedicaban a hacer tretas a los vivos. «La gente se ponía grotescas máscaras y danzaba alrededor de la gran fogata pretendiendo que eran perseguidos por los malos espíritus», completan los autores ingleses.

Con todo, las gigantescas fogatas y las máscaras no era lo único que primaba durante esta festividad. Además de todo ello, esta fiesta era considerada un momento propicio para pedir por los espíritus de los fallecidos y para practicar la magia y las artes adivinatorias. Esta última praxis era realizada por los druidas, quienes consideraban que podían averiguar el futuro usando vegetales… o sacrificando seres humanos a los dioses. Una barbaridad que, a día de hoy, ha caído en el olvido durante la noche de Halloween.

Prohibida y cambiada

La barbarie de Samagín continuó hasta el siglo I d. C., cuando los romanos llegaron hasta Britania de manos de Claudio y sus legiones Augusta, Hispana, Gemina y Valeria Victrix. Después de pisar tierras isleñas, estos «civilizaron» la festividad erradicando los sacrificios humanos. En su lugar, cambiaron a los condenados por efigies. Posteriormente, y en un intento de romanizar todavía más la celebración, la cambiaron por el festival de Pomona (en honor de la diosa de las manzanas y el otoño). La fiesta aceptada, pero el pueblo jamás olvidó sus creencias.

Con el paso de los años, y usando como vía de entrada la civilización romana, la Iglesia Católica trató de dar una vuelta de tuerca más al festival para acabar definitivamente con las creencias celtas. Así fue como, en el año 610, el Papa Bonifacio IV instauró la fiesta de los «Mártires Cristianos» el 13 de mayo.

«Esta medida no tuvo mucho éxito, por lo que en el siglo VIII d.C. el Papa Gregorio III, implantó la fiesta de los Mártires Cristianos el día 1 de Noviembre, haciéndola coincidir de esta forma con la fecha de la celebración de Samhain, y más adelante, el Papa Gregorio IV amplió esta celebración a todos los santos del panteón cristiano», añade la experta. En esos años fue cuando se cambió el nombre del festival a «All Hallow’s Eve», término que derivaría posteriormente en el actual Halloween.

Fuente ABC

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“LAS HURDES” TERRITORIO ENIGMÁTICO

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Hoy os traemos una de las comarcas más enigmáticas del mundo, la historia de Las Hurdes se escribe con letras mayúsculas, es sinónimo de leyendas, misterios que abarcan desde  brujas, duendes burlones, sombras errantes, avistamientos ovnis, luces asesinas, apariciones diabólicas, luces extrañas y todo tipo de fenómenos paranormales, todo lo que te puedas imaginar. Buena muestra de ello es el elevado interés que esta zona ha despertado en grandes figuras de las letras y las ciencias nacionales e internacionales: Miguel de Unamuno, Luis Buñuel, Pascual Madoz, Maurice Legendre, Alfonso XIII, Gregorio Marañón, etc. Muchas personalidades y famosos han dejado constancia en la comarca a su paso por la misma. Hay quien se atrevió a decir: “Las Hurdes tienen de antaño el prestigio de una leyenda, y quienes a ellas llegan, dense o no clara cuenta de ello, lo hacen o para corroborar o para desmentir tal leyenda”.

Elena G.

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La denominada “leyenda negra”. Muchas cosas se han contado sobre esta emblemática comarca, pero la mejor forma de conocer su leyenda y ver su realidad es acercarse hasta ella. Además, la comarca aglutina un nutrido listado de tradiciones y costumbres relacionadas con el culto a los antepasados, con rituales de labores o con el miedo a lo desconocido, es la comarca hurdana un compendio prácticamente virginal para aquellos que gustan de indagar en estos asuntos. Por la región han «peregrinado» a lo largo de los años infinidad de periodistas e investigadores de lo insólito en busca de casos y testimonios. A pesar de la leyenda negra que acompaña a la comarca por culpa del aislamiento y necesidades que sufrieron sus habitantes en el pasado, hoy en día es una tierra próspera, pero en la que todavía siguen latentes las tradiciones y leyendas más ancestrales.

Las Hurdes lugar lleno de misterios y espantos, situada al norte de la provincia extremeña de Cáceres y lindando con Salamanca, una zona de montaña y bosques que esconden todo tipo de leyendas y misterios los cuales se han pasado de una generación a otra con la intención que las gentes de este lugar y descendientes estuvieran al corriente de los fenómenos paranormales que ocurren en esta pequeña región del norte de Extremadura. Son muchas las leyendas y misterios de diversos municipios que están inmersas en las Hurdes. También los municipios cercanos colindantes a la comarca han experimentado en mayor o menor medida algunos fenómenos paranormales de difícil explicación. Las Hurdes fue uno de los lugares más pobres de España sobre todo a principios del siglo XX, pero es muy rico en lo referente a misterios que abarcan todo tipo de fenómenos paranormales e historias de duendes, brujas, sombras errantes, apariciones de todo tipo, avistamientos ovni, luces extrañas y todo lo que te puedas imaginar. Existen casos de posesiones demoníacas en alguna casa y rituales poco recomendables con un final trágico.

Las historias contadas por los abuelos no dejan indiferentes a los que las escuchan, siempre que el abuelo decida contar su experiencia ya que nunca hablo de lo ocurrido por temor a no ser creído.

Las historias en el pasado son muchas y en la actualidad todavía suceden fenómenos inexplicables por esta región, pero las personas que tienen algún tipo de aparición en muchos casos prefieren callárselas para que no les den por loco. Son de conocimiento de los lugareños los espantos de la noche, un fenómeno contado por algunos y que se pasado entre generaciones.

Si tuviéramos que explicar todos los misterios, leyendas, apariciones, fenómenos paranormales y avistamientos ovni de las Hurdes necesitaríamos mucho tiempo y es algo que en ocasiones nos falta para profundizar más en estos misterios, que recrean lo sucedido una noche de 1947 en las Hurdes, más concretamente esta historia procede del pueblo del Rubiaco  Extremadura, en la que se lleva escuchando las apariciones de los allí conocidos como espantos.

Luis Guerrero, quien no tiene inconveniente en relatar una experiencia que le tocó vivir hace más de 25 años en la sierra de la Corredera. «Sucedió una noche de madrugada», «Íbamos el médico del pueblo, un chaval y yo. Entonces, como de la nada, salió una cosa redonda con muchas luces amarillas, colorás, ¡qué sé yo! Fue sólo un momento, porque enseguida se escondió otra vez en la sierra».

En Las Hurdes no resulta complicado localizar a vecinos que hubieran sido protagonistas de sucesos extraños.

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Otro lugareño, Carlos Martín Domínguez, relataba el siguiente testimonio. «Caminaba yo a las tres o cuatro de la mañana por un sendero muy cerca de una calle del pueblo, venía de visitar a mi novia, que vivía en otro pueblo, esto sucedió allá por el año 1967. Recuerdo que de pronto apareció en el cielo como una estrella grande que iluminó todo. Se veía mejor que de día. Al final se escondió detrás de una montaña a una velocidad increíble; aquello fue muy extraño, todavía hoy no le encuentro explicación».

En la aldea de La Huerta, también en la región hurdana, Francisco Hernández Martín, músico de 73 años «¿Veis ese cerro de ahí?», dijo señalándolo. «Pues un día, hace ya tiempo, mi hija vio desde el primer piso de esta casa una luz que daba un resplandor enorme. Ella me avisó para que yo también pudiera ver aquello. Luego vinieron más vecinos que también fueron testigos. El caso es que la luz pegó un salto y se puso encima de otra montaña; allí estuvo parada bastante tiempo hasta que se quedó medio apagada. Nos cansamos y ya no le hicimos más caso; nos fuimos a la cama». Sin embargo, los sobresaltos no habían llegado a su fin esa noche para Francisco. A las cuatro de la mañana, un fuerte resplandor que se filtraba por la ventana de su habitación lo despertó. A través de los cristales pudo ver otra vez una luz en los cielos que se movía erráticamente.

Y también en esta ocasión más lugareños fueron testigos de la misteriosa luminaria. Para nuestro informante no cabe duda de que no se trataba de un automóvil. En primer lugar, porque la luminosidad estaba por encima de las montañas y, por otra parte, porque en la época no había carreteras en el lugar del avistamiento.

EL TRÁGICO CASO DE NICOLÁS SÁNCHEZ MARTÍN.

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Fue a primeros de noviembre de 1917. Nicolás Sánchez Martín ” Colás “vecino de Cambroncino, hombre cabal y trabajador, atendía su negocio (criaba cerdos y vendía fruta entre otras cosas). Un buen día habiendo realizado una venta de marranos en el mercado de Ahigal, cuando deshacían lo andado (iba acompañado de dos vecinas de Cambroncino: María Iglesias, la Habanera y su hermana Pepa) y a punto de asomar por el puerto, vieron una luz que flotaba sobre el río, las dos mujeres estimaron prudente pernoctar en Rivera Oveja, sin embargo ” Colás ” siguió monte abajo, con la única compañía de la mula y un machete. Pero, cuando se disponía a cruzar la torrentera, la luz voló a su encuentro, esperándole al otro lado del río.” Colás ” y la mula salvaron las aguas y, nada más pisar tierra la luz se interpuso en su camino. Al intentar pasar y ser obstaculizado por la misteriosa luz el hombre echó mano de su cuchillo y le gritó ” O te apartas o te aparto”. La luz entonces arremetió contra las patas de su caballería y a duras penas entre coces y brincos ganaron la orilla. El hombre quedo muy impresionado y sin aliento y así estuvo durante tres días.

El hecho es que ” Colás ” un hombre robusto y de excelente salud, y que en aquellos momentos contaba con la edad de treinta y nueve años, se debatió durante nueve días entre la vida y la muerte, falleciendo finalmente al noveno día de su encuentro con la extraña ” Luminaria ” entre terribles dolores. Su muerte según certificó el galeno que le atendió en sus últimos días, Don Víctor Sánchez Hoyos, se produjo por una pulmonía, aunque la familia del fallecido sostuvo siempre que fue a causa de la impresión que el bueno de ” Colás ” sufrió al encontrarse con la mortífera luz.

Abundan las narraciones de gente perseguida por estas extrañas luces, en casi cualquier alquería de las Hurdes existe una historia referente al tema. Entre las muchas he elegido la protagonizada por Manuel Guillermo y que tuvo como escenario las postrimerías del pueblo de La Huerta.

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CASOS DE LUCES

Ocurrió en el año 1950, desconozco el mes, cuando el anteriormente mencionado Manuel Guillermo fue perseguido por una esfera con un pico prominente en su parte superior y emitiendo flashazos de una luz tan potente que se filtraba por todos los rincones de los pinos que jalonan el monte de Horcajo. La extraña luz sorteaba uno a uno los recios pinares dirigiéndose hacia el cuerpo de Manuel y lo persiguió durante largo rato. Un vecino de Manuel se lo encontró corriendo ladera abajo y apenas tuvo tiempo de preguntarle. La esfera venía detrás emitiendo un zumbido intenso, a unos dos metros del suelo. Los persiguió hasta un pequeño valle verde bautizado hoy en día como “Peña de la Covella”. Después desapareció misteriosamente quedando en el aire un halo azulado. Los dos hombres se quedaron temblorosos intentando explicar lo que acababan de experimentar. Ni los pastos, ni los troncos, ni las ramas de los pinos se habían quemado.

Otro hecho insólito tuvo lugar en fechas mucho más próximas, en la última semana de julio del año 1982. En el pueblo de El Gasco en pleno mediodía y con un calor extremo, casi la práctica totalidad de los vecinos del pueblo se vieron sorprendidos por un sonido que provenía del cielo. Todos empezaron a mirar hacia arriba y allí vieron una figura redonda de unos dos metros de largo y toda blanca. Aquello iba bajando sobre el pueblo y las gentes se asustaron mucho. Un brillo muy suave salía del interior de aquella cosa. No vieron en momento alguno algo que pudiera parecerse a la puerta o ventanillas de un avión. Pasado un tiempo y tras emitir grandes haces de luz que hacían daño a la vista, la extraña luz desapareció a toda velocidad llevándose tras de ella su misterioso ruido parecido a un “bu, bu, bu”.

Muchos pastores se han encontrado por la zona de Cambroncino y Caminomorisco objetos parecidos a una hoja de árbol que iban de un lado a otro y emitían una luz iridiscente.

Otro lugareño testigo, Carlos Martín Domínguez:

«Caminaba yo a las tres o cuatro de la mañana por un sendero cerca de donde estamos ahora; venía de visitar a mi novia, que vivía en otro pueblo. Esto sucedió allá por el año 1967. Recuerdo que de pronto apareció en el cielo como una estrella grande que iluminó todo. Se veía mejor que de día. Al final se escondió detrás de una montaña a una velocidad increíble; aquello fue muy extraño, todavía hoy no le encuentro explicación».

En la aldea de La Huerta, también en la región hurdana, Francisco Hernández Martín, músico de 73 años «¿Véis ese cerro de ahí?», dijo señalándolo. «Pues un día, hace ya tiempo, mi hija vio desde el primer piso de esta casa una luz que daba un resplandor enorme. Ella me avisó para que yo también pudiera ver aquello. Luego vinieron más vecinos que también fueron testigos. El caso es que la luz pegó un salto y se puso encima de otra montaña; allí estuvo parada bastante tiempo hasta que se quedó medio apagada. Nos cansamos y ya no le hicimos más caso; nos fuimos a la cama».

De momento todo sigue siendo un misterio, luces que se aproximan a vehículos en movimiento y en la mayoría de las ocasiones se produce de noche. Se pueden exponer diversas teorías de que se pudiera tratar de una ionización de la atmósfera que a la bajada de temperaturas de la noche pudiesen hacer alguna reacción fotocinética o eléctrica impulsada por la brisa, pero esta teoría es poco clara ya que lo extraño es que en ocasiones, el movimiento que describe el objeto luminiscente no va en relación con las variaciones ni direcciones del viento en las ocasiones que se han observado ni están presentes tendidos eléctricos por donde pudiese “deslizarse” dicha luminaria (según testigos presenciales).

Rincones de esta tierra se han visto extrañas luces y lo que parecían humanoides venidos de otros mundos.

En las cercanías del pantano de Gabriel y Galán, en Vegas de Coria, en las cercanías de Arrolobos, etc.

Posiblemente la aparición de las llamadas “Luminarias ” y el avistamiento de ovnis en la zona tengan un nexo común. Por otra parte, la aparición de seres luminosos que se han dejado ver en las cercanías de algunas alquerías hurdanas casi siempre ha ido acompañada de la visión de luces en el cielo.

EL CASO DE VEGAS DE CORIA

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1983 Vegas de Coria, un poblado de apenas doscientos habitantes sufre la visita de una famélica figura que tiene aterrorizados a los vecinos del pueblo. El primero en ver a aquel ser fue Nicolás Sánchez Sánchez quien andaba recogiendo una noche una partida de ladrillos y azulejos para la casa de sus padres. Nicolás se afanaba en llevar y traer una pila de estos últimos cuando, a bastante distancia y como bajando de las laderas situadas a su espalda, contempló como una especie de lucero se acercaba. Posteriormente oyó lo que él calificó de ” algo parecido a un rechinar de dientes.” Al darse la vuelta pudo contemplar a una figura negra, famélica, iba tocada como por un manto o sayo. Posteriormente el mismo ser volvería a ser visto por otros vecinos, organizándose batidas para darle caza. En una de estas batidas concretamente el día 6 de febrero, todo el grupo de vecinos armados fue sorprendido por dos inmensos objetos volantes que prácticamente se abalanzaron sobre ellos. Alguno de los testigos afirmó que “aquello parecían dos plataformas increíblemente grandes y de forma triangular. Tenían varios focos de luz, concretamente tres, que hicieron que de repente la noche se convirtiera en día”. Después del avistamiento de estos objetos la famélica figura desapareció.

Una extraña esfera de luz sobrevolaba los cielos de Las Hurdes en la noche del jueves 18 de agosto de 2005 en la carretera dirección a la localidad Cacereña de La Pesga entre las 23:30 y 00:30. Las fotografías fueron tomadas desde el móvil de mi propio padre, Narrava el testigo de este suceso, que fue distribuidor de hielo de una empresa Hielos en Cáceres, donde esa noche efectuaba su ronda para abastecer de cubitos y barras a los bares de la zona con motivo de sus fiestas patronales. El testigo asegura que la luz estaba a unos 10 metros del vehículo cuando se dispuso a fotografiar el objeto luminiscente. La esfera describía extraños movimientos de rotación, alejamiento y aproximación al vehículo con un haz de luz superior a la emitida por los faros del propio vehículo, asegurando que notaba que la luminaria le seguía, como si tuviera cierta inteligencia o consciencia.

El objeto parece más lejano de lo que decía el testigo, esto es debido a que el objetivo/ lente del móvil es casi milimétrico, la resolución es baja, no se dispone de flash y está tomada desde el interior del vehículo a través del cristal por lo que se pueden observar los reflejos del objeto en las ventanillas o en la luna delantera.

Claramente se observa a cierta altura (¿distancia de seguridad de la esfera de luz?) una esfera luminiscente de luz blanca muy intensa teniendo en cuenta que se trata de una forma pequeña, observándose también el rastro de luz que deja el movimiento tanto del objeto como del que realizaba las fotografías.

Según varios testigos y habitantes de pueblos de Las Hurdes coinciden en haber observado una esfera de luz similar a la que ha fotografiado mi padre en las inmediaciones de Pinofranqueado, Cambroncino, La Pesga, Vegas de Coria, Caminomorisco, etc.

BRUJAS, ESPECTROS Y SERES MONSTRUOSOS

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Hermilinda y Librada, dos vecinas de Nuñomoral. La primera nos confiesa que, durante un mes, las luces de su casa se encendían y se apagaban sin que hubiera una explicación aparente, al tiempo que las persianas también se movían solas. Estos fenómenos eran acompañados por ruidos de procedencia desconocida, estruendos y fuertes golpes en las paredes.

«Era como si alguien estuviera dando balonazos contra la casa». Como los fenómenos impedían a Hermilinda y su familia conciliar el sueño, avisaron al párroco, don Manuel, para que bendijera la vivienda. Pero los desconcertantes sucesos no desaparecieron. Para nuestras informantes, una bruja popular del folclore hurdano, conocida por el nombre de Manuela, era la responsable de estos hechos paranormales.

No son pocas las leyendas de esta comarca extremeña que culpan a las «adoradoras de Satán» del secuestro de niños con los que luego prepararían sus ungüentos. Curiosamente, en las mismas fechas que Hermilinda y familia sufrían los fenómenos paranormales en su vivienda, su sobrino, que se encontraba cumpliendo el servicio militar fuera de Las Hurdes, también escuchaba golpes en las paredes del cuartel, que no le dejaban dormir.

EL ESPANTO DEL RUBIACO

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Una madrugada de agosto de 1947, tres vecinos de Vegas de Coria, Julián Sendín, Marcelo Martín y Fausto Sánchez regresaban desde Salamanca hacia Nuñomoral a través de los abruptos montes hurdanos. Aquellos años era época de estraperlo, eran muchas las personas que para subsistir necesitaban recurrir al contrabando, solían transportar todo tipo de mercancías: alimentos, animales, bebidas… aunque lo más común por aquella zona era la harina y el aguardiente.

Los tres hurdanos iban caminando cargados con los sacos donde transportaban la mercancía, hacía ya unas horas que la madrugada se había cerrado sobre sus cabezas y se encontraban a apenas 2 kilómetros de la alquería de Rubiaco.

De repente, un enorme sonido atronador les llamó poderosamente la atención, el sonido era parecido a una algarabía producida por muchos instrumentos musicales tocando todos a la vez sin orden ni concierto, parecían escucharse también voces de personas cantando y bailando.

Los tres compañeros empezaron a inquietarse cuando pudieron comprobar como ese sonido se acercaba hacía ellos, de repente, todos enmudecieron, los sacos se les cayeron al suelo y no fueron de capaces de dar un paso más.

Por el camino, frente a ellos y caminando en su dirección se aproximaba una figura gigantesca de más de dos metros de altura, sin cabeza, que movía los brazos como un militar y vestía camisa blanca con una cinta negra al cuello y piernas oscura. La música parecía provenir de su extraño cuerpo.

Temblando de miedo, hincaron la rodilla en el suelo y se pusieron a rezar pidiendo que aquel extraño ser decapitado pasara de largo y no se percatase de su presencia. Y eso fue lo que sucedió, aquel gigante pasó a escasos cinco metros de los testigos sin prestarles atención y se alejó de ellos dando grandes zancadas.

Una vez que dejaron de escuchar el sonido se incorporaron con el miedo aun en el cuerpo y viendo que aquella criatura había desaparecido cogiendo los sacos con los que venían cargados y agilizaron la marcha regresando rápidamente a Vegas de Coria.

Dicen que desde entonces no volvieron a realizar partidas nocturnas.

Según se cuenta por la comarca, el mejor momento para ver las sierras hurdanas es a plena luz del día, es mejor evitar la noche por estos lares.

SOMBRAS ERRANTES

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Muchas personas, lugareños o viajeros narraban haber visto a “hombres sombra” saltar por los barrancos o aguardar a las personas en las carreteras de vegas de Coria, Incluso los pobladores atemorizados por estas sombras, se organizaron y partieron a cazar a estas sombras errantes, sin éxito.

Un caso es el de Eusebio Iglesias que iba andando por el campo con su mula por la tarde y divisa a un ser alto, incluso el narra que este ser era más alto que el todo negruzco estaba bloqueando su camino cuando se aproximó bastante cerca a este ser, la mula que acompañaba a Eusebio se siente intimidado por este ser y empieza rebuznar atemorizado, ya de cerca se da cuenta que llevaba una especie de túnica y parecía que respiraba, el luego cuenta que escucha una voz que no sabe de dónde provenía decía : “Es Acaso que no me conoces”, no sigue avanzando y se retira.

Luego cuando llega a su pueblo se da cuenta de que no es el único que ha observado este ser.

Luego pasado un tiempo de aquel incidente de Eusebio con este ser algunos testigos cuentan que cerca de un barranco, cuando el sol estaba a punto de ocultarse ven a una persona parada pareciera que iba a saltar, ellos observan que este ser empieza a moverse, pero camina en un barranco inclinado, donde una persona cualquiera no podría, este ser camina sin problemas.

Posteriormente hay un acontecimiento de avistamientos donde son tres los testigos, dos hermanos y un amigo adolescente ellos en la inmensidad de la noche bajaban por la carretera con sus bicicletas que tenían unos focos que alumbraban el camino ellos divisan a un ser negruzco bloqueándolos el camino mirándoles fijamente, de pronto desaparece.

También está registrado en un diario, de que una persona murió por el impacto que le causo al observar a este ser.

Sucesos anteriores a estos avistamientos:

Algunos lugareños cuentan haber visto un bulto negro en el suelo que empezó a tomar forma. Posteriormente se empezó a ver las apariciones de estas sombras errantes.

Muchos casos se concentran cerca o en la curva donde hay una cruz, Algo curioso es que anteriormente a los sucesos es que al momento de pavimentarse la carretera de vegas de Coria derrumbaron esta cruz, lo que pudo provocar el desenvolvimiento de los sucesos posteriores.

Luego de consecutivas sucesos de avistamientos de estas sombras, se dejaron de ver. Lo curioso es que antes de los sucesos pararan, varios testigos incluyendo el alcalde de vegas de Coria observaron tres luces formando un triángulo, lo que en el mundo de la ufología se conoce como los ovnis triangulares, sobrevolando vegas de Coria. Lo que podría haber hecho terminar estos avistamientos.

Las Sombras Errantes de Vegas de Coria será un Enigma no solo para España, también para el mundo de apariciones de hombres sombra acechando a los lugareños de un pueblo humilde, Pero Rico en Misterios y Enigmas…

EL CURO LOBO DE CASAR DE PALOMERO

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Hablamos de licantropía y para ello nos trasladamos hasta Las Hurdes, en concreto Casar de Palomero, cuentan los más antiguos del lugar que estaba el cura del pueblo diciendo una misa votiva (son las que no se celebran por un misterio especial del Señor o una fiesta o memoria de santos, sino con una Intención «votiva», devocional, «que se eligen según la piedad de los fieles.) en la Ermita de la Cruz Bendita justo antes de comenzar una batida de lobos

En el momento de la consagración cruza el santuario un gamo perseguido por una manada que lobos, que no consiguen darle caza, pues acaba escapando de los canes.

El cura afirma qué si él fuera lobo sería capaz de dar caza al gamo, acto seguido y parece que por obra y castigo divino el cura se convierte en lobo saliendo de inmediato a perseguir al cérvido.

El cura no volverá a su condición de humano hasta que no de caza al gamo y encuentre a otro cura que le quite la maldición.

LA CABRA MONTESINA DE LAS HURDES

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Una de la más famosa leyenda habla del Macho Lanudo, que tienen como una de los grandes mitos de las Hurdes. Se dice qué si alguien en el bosque o en el campo se topa con el Macho Lanudo, debe huir de inmediato y jamás quedarse contemplándolo.

La historia cuenta sobre un pastor que vivía solitario en una cabaña en el bosque junto a su rebaño. Un día más salió a pastoreas sin alejarse demasiado de su cabaña. De repente al girar la vista, pudo ver en un peñasco justo en lo alto del monte una majestuosa cabra montesina de aspecto temerario. Sin darle importancia al animal, volvió a su cabaña.

Al día siguiente, el pastor salió de nuevo con su rebaño y comprobó una vez más que dicha cabra montesa se presentaba a la misma hora en la misma piedra del monte. En esta ocasión el animal se alzó poniéndose prácticamente de pie. Luego se internó de nuevo en el bosque perdiéndose en la maleza. No fue hasta la tercera mañana, cuando el hombre pudo comprobar que en lo alto de la piedra la cabra daba de mamar a unos recién nacidos. Esta visión le hizo encerrarse en su cabaña presa del pánico y del miedo.

Creyéndose dicho pastor de que podía tratarse del mismísimo diablo, salió el cuarto día armado con su vara y su cuchillo dispuesto a enfrentase a la cabra montesa que esperaba un día más encima de su piedra. Al ver la cabra que el pastor la miraba fijamente llamándola a gritos, está bajo la colina y se dirigió hasta el con mirada desafiante.

Para nueva sorpresa del pastor, la cabra montesina se puso a caminar a dos patas como los hombres y atacó al pastor que se defendió como pudo de sus cornadas. Mientras peleaba con la cabra, el animal arremetió contra todo su rebaño de ovejas sin dejar ni una sola con vida ante la mirada impotente del pastor. Este al ver que no podía vencer salió corriendo hacia la cabaña cerrándola desde dentro.

La cabra golpeó la puerta en repetidas ocasiones hasta que cesaron los golpes y el pastor pudo tranquilizarse sin salir ya de la cabaña ante el miedo, de que el animal estuviera esperando fuera. Convencido el pastor de que solo podía tratarse del mismísimo demonio, se puso a rezar durante el resto del día hasta que cayó la noche y se acostó en su cama.

Cuentan los ancianos de las Hurdes que el pastor fue hallado días después en su cama totalmente destrozado por las cornadas de algún animal, cornadas similares a las de las cabras montesinas.

“Cuídate de la cabra montesina, pues ella no duerme, ni de noche ni de día”

Refrán popular.

LA FLOR SEPULCRAL

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No hace muchos años en la localidad de Casar de Palomero vivió una joven ejemplar que siempre llevaba el nombre de Cristo en su boca. María Josefa Lorenzo, muy alegre, a pesar de padecer tuberculosis, falleció a los 16 años por esta enfermedad.

A principios del mes de septiembre de 1985 algo insólito ocurrió en el pueblo y es que una flor había nacido misteriosamente en el Nicho de Josefa, brotando de la comisura de la lápida sepulcral.

Un testigo cuenta que pudo ver el nacimiento de esta flor. La flor en un principio sólo tenía el tallo verde, apareciendo a los pocos días cuatro o cinco hojas.

Familiares y vecinos que conocían a la difunta la recuerdan con cierta emoción ya que aseguran que María Josefa era una persona alegre, a pesar de haber padecido tuberculosis durante dieciséis años, el mismo número de hojas que actualmente tiene la flor.

Tanto las autoridades como el cura del pueblo se muestran cautos y no quieren formularse sobre el suceso.

Una vez estalló la noticia muchas personas en peregrinación se dirigieron al cementerio con el objeto de ver y tocar la flor.

Tal vez con ironía el testigo se expresa acerca de la flor añadiéndonos una pequeña anécdota: “Un señor que tocó la flor, al día siguiente se le hincharon los pies, quedándose sorprendido ante el hecho pues él no padece ninguna enfermedad que le afecte a la circulación sanguínea”.

Este caso dejó perplejo al pueblo preguntándose de donde podría alimentarse la planta con las raíces tan lejos del suelo y en época estival.

Buscando para ellos ciertas correspondencias entre el aspecto exterior de la planta, una cresta de gallo, amaranthus cristatus y elementos concretos de la historia de la moza prematuramente fallecida. dieciséis años, el mismo número de hojas que actualmente tiene la flor.

Los medios de comunicación se hicieron eco de la noticia y algunos de ellos aprovecharon la proximidad de Las Hurdes, para incorporar el suceso como otra de las muchas leyendas existentes en esta Comarca.

Nada más difundirse la noticia, llegaron al pueblo autocares llenos de peregrinos “se habló de mil visitantes”. El suceso se infló tanto, que hubo personas capaces de proponer que se abriera el nicho para averiguar de dónde salían las raíces de la flor, si de la boca o del corazón de la difunta.

La Iglesia se mostró muy cauta sobre este suceso y a finales de septiembre, el Ayuntamiento de Casar acordó con el Obispado cerrar el cementerio a los visitantes dejando que la flor se marchitara.

El director del Jardín Botánico de Madrid, apuntó la hipótesis, de que la flor pudo tener su origen en la semilla que casualmente había encontrado sitio y humedad en el yeso que fijaba la lápida al nicho de cemento.

LAS CAMPANAS FANTASMALES

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En la legendaria alquería de El Gasco existe una cueva donde el día del Ángel, el 1 de marzo, suenan unas misteriosas campanas, porque hace poco contaba una anciana del lugar, arrullada por el rumor del agua que corría a los pies del pueblo, que una cuñada suya fue a por matas a un peñasco que hay en Pico Castillo y oyó tocar la misteriosa esquila, y es que lo curioso de estas campanas fantasmales es que a veces dejan de ser leyendas para convertirse en realidades. Porque si hay un toque de campanas que pone los pelos de puntas es el toque de difuntos. Y más cuando no existe en los contornos una campana real que produzca el fúnebre sonido.

El investigador Félix Barroso narraba, en primera persona, cómo fue testigo de estas campanadas fantasmales.

“Me hallaba un día recogiendo unas antiguas canciones junto a un hurdano que me estaba cantando el  Romance de la bastarda, un romance medieval que es una maravilla. Cuando llegamos a la estrofa que dice “¿Por quién doblan las campanas?, ¿Quién se ha muerto? ¿Quién se ha muerto?”. En ese momento la voz del hombre se apaga por completo y suenan nítidamente campanas doblando a muerto… Lo extraño– me contaba Félix, pensativo- es que ahí, en Martilandrán, no hay iglesia ni ermita ni leche que le dieron”.

Las campanadas fantasmales se grabaron, pero cuando le puso la cinta para que la escuchase, el hurdano le apremió para que le diera la cinta “que la iba a tirar a la lumbre porque habían entrado las mengas (brujas) en su casa”.

EL GIGANTE DE FRAGOSA

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En esta ocasión hablamos de un mítico y extraño ser de gran estatura y tonalidad clara. Se tiene constancia de él en Las Hurdes desde al menos 1833, cuando la comarca aún pertenecía a La Alberca.

La última aparición de esta enigmática criatura se produjo a mediados de 1965 en las inmediaciones de la alquería de Fragosa. Allí los hermanos Juan e Isabel Mercedes Domínguez volvían una tarde de recoger melocotones del huerto, venían charlando, se encontraban ya cerca del pueblo cuando de repente comenzaron a escuchar un sonido parecido al de unos cascabeles. Extrañados miraron hacia todos los lados y se percataron de que en la pared trasera de unos de los corrales de pizarra se entreveía una especie de mancha blanquecina que parecía tener vida, pues realizaba extraños movimientos.

EL APARECIDO DE VEGAS DE CORIA

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A eso de la 01:00 horas de la madrugada del 10 de noviembre de 1982 Eusebio Iglesias descargaba materiales para la construcción en compañía de su hijo Florián en una casa a las afueras de Vegas de Coria (Cáceres). En ello estaban cuando escucharon un sonido parecido a un lamento y una “llamarada” de color azul-butano de un metro de alta iluminó la carretera y desapareció en décimas de segundo sin dejar rastro de ningún tipo ni en el asfalto ni en los alrededores, tan solo los perros aullando.

Durante la noche siguiente Nicolás Sánchez Sánchez se dirigía hacia su casa a eso de las 21:45 horas. Su vivienda también estaba a las afueras de Vegas de Coria muy próxima al lugar donde Eusebio Iglesias estuviera descargando materiales de construcción la noche anterior. A punto de abrir la puerta de su casa escucha un sonido de lamento que lo localiza en el centro de la carretera. Al fijar su vista ve algo oscuro de no más de 30 centímetros que atrae su atención. Nicolás se acerca y para horror suyo el pequeño bulto empieza a crecer alcanzando más de 2 metros de altura en medio de un sonido de “rechinar de dientes”. La silueta de un hombre se recortaba en la claridad de la noche. Era un hombre muy fuerte con cabeza redonda que vestía una túnica negra muy amplia que le caía por debajo de las rodillas.

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Nicolás retrocedió, pero la gran figura humana aparecida lo siguió. Ante tal amenaza Nicolás Sánchez agarró dos buenas piedras entre sus manos y arremetió contra aquel visitante inesperado que se alejó camino de Arrolobos flotando sobre la carretera. Desapareció en medio de un relámpago.

Dos días después Eusebio Iglesias, otra vez, volvía sobre las 21:30-22:00 horas con su mulo cargado. Uno de los sacos empezó a torcerse y mientras estaba entretenido poniéndolo de nuevo derecho sobre la caballería presintió que alguien se le acercaba, alguien de más de 2 metros de altura y todo negro que saltó por un terraplén de 20 metros de profundidad.

Estos tres vecinos mantuvieron en secreto sus visiones, es un pueblo pequeño y ya se sabe, hasta que el 3 de febrero de 1983 Florián Iglesias, otra vez, volvía montado sobre su bestia y ve venir por la carretera un hombre vestido de azul oscuro que al verlo salta por el terraplén. Florián se apea de su cabalgadura y en compañía de otras tres personas que habían llegado montados en bicicleta lo ven alejarse corriendo a gran velocidad.

Fueron la comidilla del pueblo cuando al día siguiente los tres ciclistas tornan al lugar donde tuvieron la visión el día anterior y se encuentran otra vez con aquel hombre que de nuevo salta por el terraplén.

El miedo se apoderó de los habitantes y acabaron haciendo batidas en busca el extraño transeúnte con intervención de la guardia civil sobre todo cuando el 9 de febrero otro vecino recibió a las puertas de su casa la visita del ser y en varias ocasiones muchos habían sido testigos de luces de color amarillento que volaban en silencio sobre el río mostrando gran luminosidad y cambiando de tamaño.

EL DUENDE DE LADRILLAR

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Corría el año 1907 cuando en la pequeña alquería hurdana de Ladrillar un extraño visitante agitó la calma del municipio, todo comenzó el 26 de febrero cuando los ribereños comenzaron a vivir un tremendo calvario. Las extrañas apariciones al atardecer de unas luminarias junto a un pequeño ser crearon un clima de tensión en el municipio.

La descripción precisa de los testigos nos habla de un diminuto ser de tez oscura que flotaba acompañado de dos luminarias, parecía ir vestido de negro con un traje muy ceñido, tenía una cabeza desproporcionadamente grande y unas extremidades muy cortas. Se paseó durante tres días por las calles de pueblo, lo hizo con total impunidad emitiendo unos gritos guturales (sonidos graves similares a gruñidos) que resonaban por todos los rincones del pueblo, además tras su particular recorrido, todas las noches se detenían en las inmediaciones del cementerio.

El pequeño humanoide acompañado de las dos luminarias solía aparecer de forma inesperada, y la gente presa del pánico corría para meterse en sus casas, cerrando puertas y ventanas sin atreverse a salir. El párroco Isaac Gutiérrez tomó cartas en el asunto informando de los extraños sucesos al Obispado de Coria pero éste jamás intervino.

La vecina Serafina Bejarano Rubio, era por aquellos entonces una niña de nueve años y recuerda perfectamente las andanzas de este siniestro personaje:

“Yo tendría nueve años. Y todo lo recuerdo perfectamente como si hubiera pasado hoy. Fueron tres días los que se apareció aquel “tío”. Era como un pájaro grande, negro, que se posaba en los árboles y estaba allí, junto al cementerio. Venía volando, a no mucha altura y perseguido de dos luminarias redonditas. Casi nunca hacía ruido, pero a veces gritaba…  No paraba de hacer un grito muy fuerte, como ¡guuuua, guuuuua! Estuvo un tiempo y luego se fue. La gente se arrejuntaba en aquella placilla de abajo y veíamos cómo aquel demonio flotaba hasta esa arboleda de ahí enfrente. Uno de los días llegó a aposarse muy cerca del cementerio. Daba como un “rivoloteó en el aire” y volvía otra vez para una casa de allí. Estábamos muy asustados… todos le teníamos miedo. Luego hubo un día que no volvió más y por eso se quedó lo del duende. Dicen que el cura lo expulsó, que llegó a pelearse con él. Pero eso ya no lo sé. Iba vestido de negro y era chiquito, chiquito… parecido igual a un mono. Yo tenía nueve años… pero nunca podré olvidarlo”.

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En otro momento, según cuentan las actas, este misterioso personaje apareció de forma repentina en la plaza situada frente a la iglesia, en el lugar un grupo de niños, entre los que se encontraba Serafina Bejarano, se encontraban jugando, una de las luminarias que acompañaban al llamado duende sobrevoló al grupo de chiquillos. Isaac, El párroco siguió la escena desde el pórtico de la iglesia y observó, al igual que multitud de asustados vecinos, como Sobrevolaba a poca altura sobre ellos y la pequeña María Encarnación Martín de tan solo cinco años cayó al suelo como fulminada por una de las luminarias. Días después, el 2 de marzo, fallecía María Encarnación, sin conocerse la causa exacta de su muerte.

El 28 de febrero de 1907 fue el último día que se manifestó este diminuto ser, desapareció igual que se presentó, de forma inesperada.

A partir de ese momento el misterioso personaje comenzó a conocerse como “el duende de Ladrillar”, aunque para muchos esto no sea más que una leyenda, estos sucesos fueron reales y así constan en las actas oficiales de la época. Estos hechos se mencionan en el Congreso de Hurdanófilos de 1907 en el que se dice lo siguiente: “En Ladrillar hubo una temporada en que este malévolo duende tenía asustados y encerrados a los vecinos en sus casas desde el oscurecer hasta el amanecer, hasta que un señor cura les convenció de que el duende había muerto a sus manos. Hay quién asegura haber visto al duende en forma humana”.

¿Qué ocurrió realmente durante aquellos tres lejanos días de 1907? Los más escépticos opinarán que todo esto no son más que cuentos de viejas, otros dirán que algo sucedió pero que se ha sacado de contexto. En este aspecto se puede leer en algunos sitios que el supuesto duende no fue más que un pájaro negro, un cuervo posiblemente quizás de un tamaño más grande de lo normal y que merodeó por aquel pueblo durante los mencionados días, a la aparición de este pájaro se le atribuiría la mala suerte que corría el pueblo y la elevada mortandad que sufrían sus gentes. Con el tiempo, la historia habría degenerado en lo relatado más arriba. Es posible, quien sabe… lo único cierto es que algo sucedió en el Ladrillar y aquí os he contado lo que por tradición oral o escrita ha quedado de todo ello. A partir de aquí, cada uno puede sacar sus propias conclusiones.

Estaría bien situarnos un poco en el espacio y en el tiempo en los que sucedieron estos y muchos otros acontecimientos misteriosos en éste inhóspito rincón de la España profunda. Hoy en día, los 600 kilómetros cuadrados que conformaron el “país hurdano”, territorio situado a caballo la provincia de Cáceres y Salamanca,  han dado un giro radical en todos los aspectos y para mí personalmente,  es una de las zonas más bellas de España. Pero durante muchísimos años, esta zona fue considerada por muchos, (algunos que jamás llegaron a pisarla), como la representación más fiel del infierno en la tierra.

La primera referencia histórica de las Hurdes puede encontrarse siglo XVII en la obra “Curiosa Philosophiae” (”Curiosa filosofía”) del filósofo jesuita Juan Eusebio Nieremeberg, más conocido como el Padre Nieremberg. Éste describió Las Hurdes en los términos desoladores: “Existe en este reino un áspero valle infestado de demonios, un lugar que los pastores creen habitados por salvajes; gente ni vista ni oída, de lengua y usos distintos a los nuestros. Son hombres y mujeres que andan desnudos pensando ser solos en la tierra

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En 1907, el antropólogo francés Maurice Legendre se instaló entre los hurdanos para escribir su célebre obra “Etude de geographichumaine” (”Estudio de la geografía humana”), un trabajo de investigación que llevó la miseria y la desolación de los hurdanos a los ojos del público mundial en 1909. Desde entonces, decenas de investigadores acudieron a la desconocida región para estudiar aquellos tristes seres desnutridos y abandonados en las agrestes tierras extremeñas.

Así contaba por ejemplo Georges Borrow, en su “La Biblia en España” del año 1921: “No hay tierra como ésta. Tiene sus secretos y sus misterios. Muchos se han perdido en ella y no han vuelto a saberse su paradero. Cuentan que en ciertas lagunas existen horribles monstruos y que en los ásperos valles sólo alumbra el sol a mediodía, reinando las tinieblas el resto de la jornada”.

Vicente Barrantes, explorador extremeño que recorrió las cuarenta alquerías que conformaban las Hurdes, dijo a su vuelta: “En los lugares de acceso a las alquerías cortan el camino los hurdanos. Desnutridos y harapientos, con mirada fija en el suelo, acaban huyendo de modo espantoso, brincando entre los riscos con la agilidad propia de las cabras por mucha que sea su edad. Otros, los más, se retiran asustados a sus inmundos cobertizos, guardando silencio ante la llegada del forastero. Nadie sabe qué edad tiene, ni muchos cuál es su familia. Si así se presentan en los albores del siglo XX ¿Cómo lo harían en 1600?.

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En 1922, el rey Alfonso XIII viajó a Las Hurdes para vivir en su propia piel la desgracia humana. Su visita trajo consigo la puesta en marcha del Patronato de Las Hurdes, destinado a llevar la modernidad a aquel recóndito lugar en ruinas.

En 1933 llegaría el polémico documental de Buñuel “Las Hurdes, tierra sin pan”, censurado en España y cuyas estremecedoras imágenes conmovieron al mundo e indignaron a cientos de hurdanos. Y es que parece ser que el director de cine aragonés no se contentó con reflejar la triste realidad de la comarca, sino que se valió de cuestionables estrategias para incrementar el impacto visual y humano de su trabajo. Una de las escenas más conocidas refleja un asno despeñándose por un escarpado precipicio. Lo que ante ojos de muchos espectadores pudo parecer un accidente, en realidad fue un hábil montaje del director cuya víctima fue el indefenso burro: lo abatieron de un disparo cuando se encontraba al borde del acantilado.

Por suerte, esta estampa que es cosa del pasado y tan solo lo más viejos recuerdan las penurias que pasaron en esta tierra de pizarrales, convertida hoy viñedos y tierras de buen ganado. Pero lo que sí que perdura de aquellos tiempos son las decenas de leyendas sobre luces misteriosas y aparecidos, sobre maldiciones y encuentros con personajes siniestros y terroríficos y que os iré desvelando en sucesivos posts. No en vano, este territorio ha estado ocupado desde hace más de 5000 años por diferentes pueblos y culturas, y buena muestra de ello son los numerosos restos arqueológicos en los que antiguas culturas dejaron su huella inscrita en piedra, enigmáticas runas e inquietantes figuras de aspecto humanoide que todavía encierran muchos secretos por desvelar.

Esperamos que os haya gustado este post os espero el próximo.

Elena G.

 

 

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“LOS REZADOS” TERROR EN LA SELVA

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Hoy os traemos una historia de poner los pelos de punta, nos vamos a Colombia, guerrilleros poseídos, brujería y  Budú. No son raros los casos en Colombia en los que guerrilleros o militares buscan la ayuda de la magia negra contra el enemigo. Hasta familiares de secuestrados han recurrido a los hechiceros. “LAS BRUJAS DE LA GUERRA”. No olvidéis ver el vídeo en nuestro canal de Youtube y suscribiros.

Gracias de antemano.

https://www.youtube.com/channel/UC2B6CELd_v6t3kAFJ-NLhHA

Elena G.

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El frente 29 de las Farc contrató a Clara María Fernández, una bruja que leía el tarot en Popayán. Ella, de paso, les hizo varios ‘trabajos’ a los guerrilleros como realizarle brujería al director de la Policía Nacional, general Óscar Naranjo, para que fracasara en su propósito de frenar los ataques en Cauca y Popayán.

“Veo como tres o cuatro ramas gruesas entre Popayán y Nariño. Tengan cuidado porque eso no está despejado. Y tranquilo, que ya les tengo listos al Rodríguez y al señor Mandarina, ¿me entendió?”.

Así habló Clara María Fernández en una llamada que interceptó la Policía y que fue una de las pruebas empleadas para capturarla, hace tres semanas en Popayán, junto con 11 personas, acusada de colaborar con el frente 29 de las Farc. Pero las autoridades no la apresaron por pasar información ni por servir de correo humano o ser parte de una red logística. No, la acusan de haber puesto al servicio de las Farc su profesión: la brujería.

A pedido de los guerrilleros, Fernández, una adivina profesional, echaba el tarot para ‘ver’ los movimientos de la fuerza pública entre Nariño y Cauca. Las “ramas” de las que habla son operativos de las fuerzas oficiales. “Rodríguez” es el coronel Carlos Rodríguez, comandante de la Policía del Cauca, y el “señor Mandarina” no es otro que el general Óscar Naranjo, director de la Policía Nacional, a quienes, al parecer, les hacía brujería.

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Las investigaciones dicen que Fernández leía las cartas, preparaba pócimas y atendía a su clientela de Popayán desde un café internet donde al público general le cobraba 15.000 pesos por consulta. Pero desde hace un año y medio, los guerrilleros Sigifredo y Aldemar la contactaron para que les ayudara a hacer ‘trabajos’ por los que pagaban hasta 100.000 pesos. “Ella visitó varias veces los campamentos de las Farc en la costa pacífica y en zona rural de Barbacoas, en Nariño”, dijo uno de los investigadores del caso a SEMANA.

La pitonisa de Popayán no es la única a la que las autoridades han descubierto gestionando la ayuda de la magia negra para los grupos ilegales. Hace un año, durante un operativo del Ejército y la Fiscalía, fueron capturadas 44 personas en varias ciudades del país que habían robado durante varios meses armas de 11 batallones del Ejército para vendérselas a las Farc y a las llamadas bandas criminales. “Entre los detenidos había una bruja a la que le hacían consultas. Ella tenía pleno conocimiento de lo que estaba sucediendo y por eso también fue detenida”, dijo la entonces directora nacional del CTI de la Fiscalía Marilú Méndez. Hasta su captura, el jefe de la banda estaba convencido de que hierbas, aguas y rezos de la bruja le ‘ayudaban’ a evadir los controles de los armerillos de donde él y sus hombres alcanzaron a sacar munición, fusiles y hasta equipos de visión nocturna.

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Este tipo de prácticas son muy comunes en las guerrillas y los paramilitares que están en las selvas de los Llanos Orientales o en zonas apartadas, donde tradicionalmente se ha creído en brujas, hechizos y poderes sobrenaturales. Néstor Alejandro Pardo, lingüista de la Universidad de Texas y profesor de la Universidad Nacional que se ha dedicado a estudiar el tema de la brujería, asegura que la guerra es la típica circunstancia donde el hombre se siente débil y tiene la necesidad de llevar amuletos, rezar las balas, el armamento, tomar bebedizos o agua bendita para no morir. “Hay eclecticismo en las creencias y por eso uno encuentra casos de guerrilleros que llevan cruces, hacen ritos indígenas, van a donde el brujo, le prenden velas a la Virgen y hacen lo que sea por sobrevivir”, dice.

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Uno de ellos es Pedro Oliverio Guerrero, alias ‘Cuchillo’, el paramilitar del Guaviare que fue encontrado muerto el pasado 28 de diciembre tras un operativo de la Policía. De su cuello colgaban seis collares con medallones, entre los que había una cruz grande de oro macizo. En sus manos llevaba cuatro manillas, una de ellas supuestamente para tener éxito con las mujeres. “Dicen que los usaba como payé (amuleto) y las pulseras eran contras para que no le entraran las balas. Le jalaba a la santería”, dijo un policía que lo persiguió varios meses por esa región. A fin de cuentas, de poco sirvió esa ‘protección’ sobrenatural: aunque Cuchillo no cayó víctima de una bala de la Policía en esa operación, murió borracho y ahogado en el caño Siare cuando intentaba huir.

La guerra está llena de historias sobrenaturales. El profesor Pardo una vez escuchó de un mayor del Ejército que en combate le dispararon a una guerrillera unas treinta veces y la mujer no moría. Finalmente cayó y encontraron que se había abierto su brazo izquierdo y se había incrustado una cruz. “Se la cosió con hilo y aguja”, contó el militar. En Chocó se habla de un jefe paramilitar que mató a un niño y al cual una bruja indignada le habría hecho un hechizo que terminó ‘secándole’ el brazo de la mano con la que disparó.

Aun cuando el Ejército suele encomendarse al arcángel San Miguel antes de pelear, sus hombres también buscan a veces otro tipo de ayudas. Un oficial recuerda lo que le sucedió años atrás cuando era comandante de una compañía en el Caquetá: “Se nos perdió un fusil y levantamos esa base patas arriba buscándolo, pero no lo encontramos. Me recomendaron un brujo y le pedí ayuda. Me hizo formar a los muchachos y después de mirarlos, se paró frente a uno. Lo miró fijamente y el soldado se puso a llorar: confesó que se había robado el fusil porque se iba a casar y no tenía plata”.

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Muchos familiares de secuestrados también recurren a las brujas para saber de sus seres queridos. “Es tal la impotencia, tal la angustia, el deseo de saber cómo sea sobre el secuestrado que los familiares buscan una respuesta material o inmaterial para saber de su ser querido. Todos, absolutamente todos han buscado este tipo de ayudas”, dice Olga Lucía Gómez, directora de la Fundación País Libre. De hecho, la familia de Íngrid Betancourt, durante los seis años de su secuestro, buscó muchas veces ayuda de la superstición para encontrarla. El psíquico Armando Martí les predijo el día exacto en que iban a liberarla: 2 de julio de 2008. Se dice que el famoso mentalista Uri Geller, quien estuvo a comienzos de los años ochenta en Colombia doblando cucharas con el poder de su mente, habría ayudado a la Policía a encontrar un secuestrado en el sur del país.

En esto de la fe en los poderes ocultos en la guerra, Colombia, por supuesto, no es una excepción. Desde la célebre escena de las tres brujas que con sus profecías convencieron a Macbeth de que asesinara y fuera a la guerra para convertirse en rey, hasta ocultistas como Aleister Crowley, empleado por la inteligencia británica contra los alemanes en las dos guerras mundiales, la brujería ha tenido un lugar tan pintoresco como destacado en la guerra. Aunque su efectividad está por verse, aquí, en Colombia, además de guerrilleros, militares o familiares de secuestrados, no son pocos los que creen que brujas, adivinaciones y potajes pueden ayudarles a combatir el enemigo. Una fe que puede llegar a la ingenuidad: en el suroccidente del país, cuentan la historia de un indígena que dio a cinco guerrilleros del ELN un bebedizo que los haría invisibles. “¿Pero seguro que el Ejército no nos ve?”, preguntaron los elenos. “Seguro”, respondió el supuesto chamán. Cuando los guerrilleros intentaron entrar en silencio al campamento del Ejército, murieron en el intento.

Testimonios de uno y otro bando hay de sobra, incluso de hombres que hoy se han reinsertado a la vida civil, pero que juran que hay guerreros a los que no se les puede matar. Del ‘Negro acacio’, uno de los jefes más buscados de las Farc, –por ejemplo– dicen que las balas le zumban encima de la cabeza. Está rezado. Es un ‘cruzado’ que se hizo proteger y las balas no lo tocan”, dijo el año pasado un raspachín que fue capturado en una operación por la Fiscalía en el sur de Vichada, zona de mayor influencia de ese guerrillero.

Dicen que un chamán brasileño lo rezó y que eso le ha permitido al ‘Negro’, jefe del frente 16 de las Farc, sobrevivir a operaciones del Ejército como la de ‘Gatonegro’, en la que fue capturado el capo ‘Fernandinho’, o la más reciente en la que una ofensiva de la IV División ultimó a dos jefes cercanos pero no pudo dar con ‘Acacio’. Según el mito, que se ha regado como pólvora en Vichada, ‘paras’, guerrilleros e incluso soldados que combaten en esa zona se mandan ‘cruzar’ (rezar) porque confían más en eso que en estrategia, en agilidad o en arsenal a la hora de sobrevivir.

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Eso me protegió. Nosotros tuvimos días enteros echando bala y ni siquiera quedé herido. Podía ver las balas que pasaban por uno y otro lado. Caían los que estaban al lado pero yo sanito”, dijo a EL TIEMPO un paramilitar ‘cruzado’ de las Autodefensas de Meta y Vichada (Acmv), ya desmovilizado. Según contó, durante un desplazamiento por un poblado una escuadra de su grupo se encontró con un curandero en un caserío enclavado en las matas de monte de la sabana. Por 100 mil pesos lo cruzó en un ritual del cual no quiso dar más detalles, excepto que siempre debe tener las uñas pintadas de negro.

Por su parte, un guerrillero del frente 43 de las Farc que hasta hace 18 meses actuaba en el área de La Julia (Uribe), confesó que mientras estuvo en el Guaviare reentrenándose, se sometió a un rezo con hierbas que desde entonces, según dice, lo protege.

El padre Álvaro Arango, capellán de la IV División del Ejército, ha recorrido los lugares más recónditos del país buscando almas vestidas de camuflado dispuestas a compartir con Cristo. Dice que hay mucha sugestión en la jungla. Hay sitios en medio de la selva donde se debe caminar un mes para llegar hasta donde hay tropa. Los soldados siempre me reciben bien y a veces algunos dicen que los están asustando brujas o espíritus de la selva, pero pienso que hay mucha sugestión sicológica al respecto”, dice.

John Monsalve, a través de estudios profundos y meditación, busca la perfección espiritual. Además de médico alternativo, es experto en temas de energía mental y corporal. Según dice, la fuerza que tiene el pensamiento es tan grande que no descarta que haya rituales para protegerse de los enemigos o incluso para ‘camuflarse’ y volverse invisible. 100 mil pesos pagó un paramilitar de las Autodefensas de Meta y Vichada (Acmv) para que lo ‘cruzaran’. Se desmovilizó en agosto pasado.

Brujería: ¿otra aliada de la delincuencia?

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El soldado Marín* pertenecía al batallón contraguerrilla No. 24, también llamado Héroes de Pisba. Una noche decidieron acampar en zona rural de Panamá de Arauca. Poco antes de la medianoche empezó a lanzar gemidos delirantes que despertaron al resto de la tropa. Se revolcaba en la hamaca, nadie lo podía despertar. Estaba privado, inconsciente, pese a los alaridos que profería.

La escena se extendió por cerca de 40 minutos. El resto de los soldados, en medio de la oscuridad, estaban aterrados pero a la vez alerta porque esa zona ha sido un corredor de la guerrilla del Eln. Cuando todo volvió a la normalidad en la manigua, el resto de las unidades, como pudo, volvió a conciliar el sueño.

Al día siguiente, Marín tenía varios moretones en su cuello, pecho y piernas. “No fue el único caso – dice un uniformado que estaba en esa tropa y a quien le omitimos su nombre para reservar la identidad – con el que fuerzas sobrenaturales atacaron la tropa. Habían pelados que terminaban con el cuerpo paralizado o con enfermedades raras de las que ningún médico supo qué eran”.

En otras palabras, era un enemigo silencioso que había diezmado a esa unidad que en la jerga militar se describe como 1-4-36. Esto es: un oficial, cuatro suboficiales y 36 soldados. Pero después del ataque paranormal terminaron 1-2-20.

Nadie entendía qué estaba pasando hasta que uno de los soldados que hacía parte de la unidad dijo que eso era obra de las brujas de la región y que se podía dar por dos situaciones en particular. La primera, por mujeres lugareñas que se enamoraban de los uniformados y para ‘atarlos’ les daban bebedizos escondidos en los jugos que les ofrecían en esas veredas.

“La otra era para neutralizarlos. Hubo un caso de un compañero que se levantó, fusil en mano, y amenazó con dispararnos”, explicó la misma fuente quien dijo que esa es una de las estrategias de la guerrilla para disminuir la operación del batallón.

Muñecos chuzados

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Pero el tema no solo es para mermar la acción de la fuerza pública. La mayoría de guerrilleros, inclusive los cabecillas, acuden a este tipo de prácticas para evadir la acción de las autoridades. Así lo hacía Jorge Neftalí Umenza, alias “Mincho”.

Este hombre, abatido en octubre de este año, tenía entre su prontuario el secuestro de los diputados del Valle; el atentado en cerro Tokio, donde murieron 18 infantes de la Marina; en el secuestro de 120 trabajadores de una hidroeléctrica del Valle y también es responsable de la explosión de un carrobomba en Buenaventura.

Era, además, según dijo en su momento el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, el contacto directo de las Farc con los carteles mexicanos. Pero no solo por eso se caracterizaba “Mincho”, cuyo servicio a esta guerrilla ya cumplía cerca de cuatro décadas.

Los campamentos en los que pernoctaba o pasaba varios días los hacía rezar por chamanes o brujos, ya que, sostiene la creencia popular, el poder de un hombre en la magia negra es más poderoso que el de una mujer.

En algunos de sus cambuches las autoridades hallaron muñecos o representaciones de la muerte como las utilizadas en México durante los rituales para protección propia o para causarles daño a otros.

Mito de cascabales

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Muy similar al accionar de ‘Mincho’ era el que hacía alias ‘El negro Acacio’, Tomás Medina, abatido en septiembre de 2007. Era un mito entre las Fuerzas Militares la ayuda de extrañas fuerzas que usaba este guerrillero caucano que ingresó a las filas de las Farc a sus 22 años.

Se decía que siempre cargaba los cascabeles de las culebras que eran rezados por curanderos de la zona del Guainía. Cada vez que se acercaba un operativo de las autoridades que estuviera cerca de su área de influencia delictiva los cascabeles sonaban.

Se decía que era un mito hasta el día en el que fue dado de baja cuando en uno de sus bolsillos fueron hallados los famosos cascabeles.

Pero no solo los cabecillas acuden a este tipo de prácticas. Los guerrilleros rasos, quizá por su origen campesino, también suelen ser ‘rezados’ por brujos (o brujas) del pueblo por el que delinquen. Un desmovilizado le confesó a un alto oficial del Ejército que una de los más comunes hechizos a los que recurren hace confundir a la tropa.

Se trata de una oración que se hace de rodillas y que al leerla produce un efecto como de camuflaje. Según el desmovilizado, con el hechizo “no es que uno se vuelva invisible, sino que hace que los soldados vean otras cosas”.

De allí que una de las cosas más frecuentes que se encuentren en los campamentos desmantelados por diversas razones sean hojas de papel en las que aparecen las diferentes oraciones proporcionadas por los expertos en magia negra.

Los videntes

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Pero si por el lado de la guerrilla la santería y los ritos hacen parte de la insurgencia, los capos del narcotráfico también acuden a ella para rezar cargamentos, protegerse de los enemigos y no caer en manos de la justicia.

A las pitonisas les llegan grandes cantidades de dinero por cuenta de estos barones de la droga con el fin de que los protejan en esos aspectos. Uno de los más recientes casos es el de Maximiliano Bonilla, alias “Valenciano”, capturado en Venezuela el pasado 28 de noviembre y deportado posteriormente a Estados Unidos.

Informes de inteligencia de la Policía dan cuenta de que Bonilla acudía a los servicios de una especie de vidente que le informaba sobre las épocas propicias para enviar cargamentos.

En febrero de 2010, hubo una conversación entre el narco y la bruja en la que la mujer le advertía sobre premoniciones. Como conclusión de esa llamada, el hombre decidió moverse del lugar en el que estaba y al que llegó la Policía minutos después.

No fue la única vez que la vidente ayudó al considerado hombre de confianza de Diego Murillo, alias “Berna”. En noviembre de este año, y ya estando en Venezuela, su captura fue frustrada nuevamente gracias a los consejos de la mujer de la que según se conoció vive en Medellín. Fue la última vez que tuvo contacto con ella, ya que a los pocos días fue detenido.

Misterios sin resolver

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No era época de invierno en Arauca. El río debía tener unos tres metros de ancho, era pasable ya que su profundidad no superaba los 50 centímetros y, además, era un buen lugar para pasar la noche antes de continuar el patrullaje.

Al día siguiente, al amanecer, la creciente era una de las más salvajes que la tropa hubiera visto. “Yo comandaba esa tropa y les dije a los soldados que se habían quedado en la otra orilla que no cruzaran hasta que el cauce bajara”, recordó el oficial.

La creciente súbita del río era un misterio toda vez que la víspera no había llovido y eso no dejaba de darle vueltas en la cabeza a este integrante del Ejército. Incluso hoy, después de varios años, no se explica el suceso que estuvo a punto de terminar mal.

“Empecé a escuchar gritos que se confundían con el rugir de las aguas y me asomé a ver qué era lo que pasaba y vi a un cabo y los soldados que intentaban cruzar. Una especie de fuerza jaló a tres hombres hacia el fondo”, evocó el militar.

A los que lograron cruzar les preguntó que por qué habían atravesado el caudal casi desobedeciendo su orden. El cabo le respondió que habían escuchado la voz del oficial diciéndoles que pasaran el río porque debían partir cuanto antes.

Por fortuna, los soldados que cayeron al fondo del río sobrevivieron y el suceso, que sigue siendo un misterio, no pasó más allá de un susto pero sí una confirmación: no hay que creer en brujas, pero de que existen, existen.

OTRA DE LAS HISTORIAS ESCALOFRÍANTES

Cuando el infante de marina Johnny Cárdenas vio que una sombra se acercaba a él no sintió miedo hasta que se percató de que esta no tenía pies. Aunque tenía el fusil terciado al hombro y listo para ser usado no intentó levantarlo contra lo que sus ojos estaban observando con recelo. Lea también: La ‘guerra maldita’ que se libra en Colombia.

“Tenía el tamaño de una persona. No venía ni tan rápido ni tan lento. Pero venía directo hacia mí y lo hacía sin apoyarse en tierra. Venía volando”, contó Cárdenas.

Eran más o menos la una de la madrugada y aunque esa noche no tenía que prestar guardia estaba acompañando a Rodríguez, otro soldado, uno de sus buenos amigos que desde días atrás estaba siendo acosado por una presencia maligna, al parecer, una bruja. Los militares se encontraban en ese momento en las montañas de Carmen de Bolívar, por los lados de El Salado, en un municipio llamado Chalán (Sucre). La madrugada en la que Cárdenas vio el ente oscuro confirmó que lo que atormentaba a su amigo era una bruja.

Cuenta el soldado que la presencia de aquel ente la empezaron a sentir desde que bajaron al pueblo y su amigo, un picaflor empedernido, entabló relación con una muchacha a quien enamoró y luego dejó. Días después de haber regresado a la espesura de las montañas para seguir con el patrullaje, las noches del infante enamoradizo empezaron a ser extrañas. ¿Este soldado está poseído por una bruja?

Rodríguez empezó a sentir golpes mientras dormía en la hamaca. “Se levantaba exaltado creyendo que nosotros, sus compañeros, le estábamos jugando una broma, pero no era así. Los golpes, según él, eran cada vez más fuertes”, relató Cárdenas.

El pánico invadió a aquel militar picaflor cuando una de aquellas noches lo golpearon muy fuerte. Intentó levantarse de su hamaca pero no pudo. Según se lo narró luego a sus camaradas, una fuerza lo mantuvo oprimido sin poderse levantar de donde estaba. Quiso gritar, sintió que lo hizo, pero al parecer ninguno de sus compañeros de escuadra, ni siquiera los que dormían junto a él, lograron escucharlo.

Cárdenas relató que los demás solo se percataron de que algo ocurría cuando escucharon un fuerte golpe seguido de un disparo. Una de las sogas que sostenía la hamaca de Rodríguez fue cortada y él cayó a tierra. En ese momento, como los militares dormían con el fusil listo para reaccionar en caso de una emboscada, su arma se disparó.

“La detonación nos despertó y todos nos levantamos con el fusil montado porque pensamos que se nos había metido la guerrilla. Lo único que escuchamos y que alcanzamos a ver fue el aletear de una sombra grande que se alejaba entre los árboles. Parecía un pájaro enorme”, narró.

Esa misma noche el soldado asustado pidió permiso a su comandante de escuadra para bajar de la montaña y buscar al sacerdote del pueblo. Se percató de que necesitaba la ayuda de Dios. Cárdenas lo acompañó. El cura lo bendijo y le dijo que enfrentara a aquel ente maligno que lo estaba persiguiendo. También que le gritara en voz alta que él estaba con Dios y con Jesús y que si lo volvía a ver rezara con toda su fe para alejarlo. Un par de noches después Rodríguez tenía que prestar guardia, le pidió a Cárdenas que lo acompañara. Tenía miedo de quedarse solo. Sobre la una de la madrugada los uniformados empezaron a sentir que les tiraban, según Cárdenas, “pepitas o piedras pequeñas”. Creyeron que se trataba de una broma de otros soldados pero no entendían de donde les llegaban.

Rodríguez empezó a asustarse. “Miré hacia la espesura de la noche y no vi nada raro. Comencé a escuchar un ruido que provenía de un sector. Alisté mi fusil y apunté hacia aquel ruido. Una sombra sin pies se iba acercando poco a poco a mí. No sé en qué momento la tuve frente a mi rostro y la puede ver. Tenía el rostro de una viejita fea, muy fea y muy arrugada. Cuando su rostro se estrelló con el mío emitió un chillido que aún no sé cómo describir, pero que no he podido olvidar. Fue un sonido entre el llanto y una carcajada burlona. Quedé inmóvil. La bruja se trepó al árbol y yo caí de espaldas”, contó Cárdenas, quien lleva más de siete años en la Armada Nacional.

Rodríguez no la vio. La sintió pero no la vio. Cuando intentó alzar a su amigo lo único que este le dijo fue: “está en el árbol”, esta frase la repitió un par de veces antes de que le entendiera a quién se refería. El soldado empezó a rezar tal como se lo dijo el cura del pueblo. Tomó fuerzas e invocando a Dios increpó a la bruja.

Según Cárdenas todos los militares de la cuadrilla y su comandante se levantaron y de rodillas se unieron a los rezos de Rodríguez mientras que él se hallaba tendido en el suelo. Cuando los rezos de los soldados se unieron, la bruja empezó a mover con fuerza las ramas del árbol. Empezó a saltar de copa en copa hasta que desapareció y la noche recobró sus ruidos naturales. Fue la última vez que la bruja atormentó a Rodríguez.

Meses después de lo ocurrido en las montañas de Bolívar el infante Cárdenas y sus compañeros de escuadra fueron testigos de otro fenómeno que aún, después de casi seis años, no pueden explicar.

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Toda una cuadrilla de infantes de marina vio como una bruja atacó a dos de sus integrantes.

Corría el año 2009 y un grupo de infantes de marina de la Armada Nacional y un pelotón de soldados del ejército estaban desde hacía varios meses tras la pista de Efraín González Ruíz, alias ‘Pateñame’, un hombre que lograba huir de los diferentes cercos que las autoridades le tendían.‘Pateñame’ era cabecilla de los frentes 35 y 37 de la guerrilla de las Farc. Su área de influencia era los Montes de María y la Mojana, entre los departamentos de Sucre y Bolívar.

Según lo narra el hoy marinero Cárdenas, González Ruíz estuvo muchas veces a punto de ser capturado por tropas militares pero extrañamente se escapaba del lugar donde se sabía con seguridad que estaba escondido. En las distintas operaciones que las autoridades llevaron a cabo sobre ‘Pateñame’ sus hombres eran capturados o dados de baja pero él nunca aparecía.

El mito que empezó a correr dentro de las filas era que el guerrillero tenía un pacto con el diablo y que estaba rezado por brujos y que por tal razón se escabullía con tanta facilidad, recuerda el militar.

“Gracias a informantes y al trabajo de inteligencia de varios meses sabíamos que ‘Pateñame’ estaba en las montañas de los Montes de María. Las Fuerzas Militares desplegaron un operativo grande para capturarlo”. Después de algunos combates contra hombre del frente 35, alias ‘Pateñame’ logró escaparse por una de las montañas de los Montes de María. Desde una ladera de otra de las montañas del sector, la cuadrilla de Cárdenas le seguía los pasos a González quien luego de la incursión a su campamento huyó en solitario. Según el uniformado ellos lo veían a escasos 100 metros de distancia.

‘Pateñame’ estaba a pocos minutos de ser capturado. Los infantes de marina apostados desde la montaña vecina tenían visión de sus movimientos e iban informándolos a los hombres que estaban en esa montaña. Los militares poco a poco le fueron cerrando el cerco. El guerrillero, que vestía verde oliva y tenía un morral terciado a sus espaldas, no tenía escapatoria. Por arriba, por abajo, por la derecha y por la izquierda de la montaña habían militares que paso a paso rodeaban a su objetivo.

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Efraín González Ruíz, alias ‘Pateñame’, cabecilla de los frentes 35 y 37 de las Farc. Fue abatido en un bombardeo a su campamento en 2012. Dicen que tenía pacto con el diablo y que por ello logró huir de varios operativos en su contra.

Cárdenas lo veía moverse con sigilo. Sin saberlo, el insurgente iba directo hacia uno de los grupos de la fuerza pública que caminaba hacia él. Cuenta Cárdenas que la alegría en la escuadra no se hizo esperar. Todos desde la montaña vecina se miraban con alegría. Sabían que el trabajo de meses iba a culminar en segundos. “Hubo un momento en el que el hombre quedó completamente encerrado en un cuadrado de militares. Tenía hombres a lado y lado. Teníamos visión sobre él y estaba encerrado. El objetivo era nuestro.

“Cuando las tropas lo tenían acorralado a unos 100 metros, lo perdimos de vista. Pensamos que se había sentado a esperar la captura, ya que no tenía por dónde escabullirse. “Era mi primer pez gordo. Quería ver el momento en que se entregara o en que lo capturaran los compañeros. Quería verle la cara, quería estar ahí. Varios pedimos autorización al jefe de la escuadra para bajar y pasar a la otra montaña. La distancia no era grandes, son montañas pegadas una a la otra y no son tan altas. Así que salí corriendo para alcanzar al grupo de la base”, relata el marinero.

Cárdenas pensó que cuando se encontrara con sus compañeros ‘Pateñame’ ya estaría capturado; pero no fue así. El guerrillero no apareció. Las cuadrillas avanzaron hasta encontrarse donde lo habían visto por última vez. El segundo anillo de seguridad, que estaba a una distancia prudente de la primera línea se activo y también se cerró. Tampoco lo vieron. Lo único que los militares hallaron junto a una piedra fue la maleta que el hombre tenía terciada mientras corría huyéndole al cerco, dentro de ella había dos granadas, una navaja y las cáscaras recién peladas de una naranja.

Alias ‘Pateñame’ murió tres años después en un bombardeo que se le hizo a su nuevo campamento en el municipio de El Bagre, Antioquia. Al parecer su pacto con el diablo había terminado.

Hasta el próximo post Elena G.

 

 

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“TRASMOZ” EL ÚNICO PUEBLO EXCOMULGADO Y MALDECIDO

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Hoy os traemos una de las Historias mas interesantes de la Inquisición, sapos, culebras, pócimas y escobas voladoras, nos adentramos en el municipio aragonés de Trasmoz que va ligado a un pasado de brujas y aquelarres, en torno a la omnipotente presencia de su castillo, que la leyenda cita como lugar de reunión de estas famosas protagonistas de la Edad Media que fueron perseguidas por la Inquisición. El halo de misterio y hechizo que envuelve a Trasmoz llamó incluso la atención del insigne literato Gustavo Adolfo Bécquer.

Corría el siglo XIII cuando la localidad fue excomulgada por celebrar aquelarres y fiestas paganas. Papas, muchos, ha habido desde entonces, pero ninguno ha levantado el castigo. Nos acompañas en este maravilloso y misterioso viaje??? Disfrutarlo.

Elena G.

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Las leyendas sobre brujas y aquelarres han perseguido a Trasmoz (Zaragoza) a lo largo de los siglos. Ubicado en las faldas del Moncayo, a escasos kilómetros del Monasterio Cisterciense de Veruela, este pequeño municipio zaragozano, con apenas 70 habitantes, ha estado siempre rodeado de un halo de misterio. Lo cierto es que actualmente es el único pueblo maldito y excomulgado de España y solo el Papa podría poner fin a esta situación que vive el pueblo desde hace cientos de años.

Corría el siglo XIII cuando la localidad fue excomulgada. Por aquel entonces Trasmoz era como una isla laica rodeada de todos los pueblos que pertenecían al Monasterio de Veruela. Según cuentan las leyendas, la actividad de las brujas estaba en aquellos años en su máximo apogeo y, entre los muros de su castillo, los aquelarres y todo tipo de actos paganos eran una constante.

La silueta de Trasmoz destaca en el camino hacia las faldas del Moncayo. Su caserío trepa una pequeña colina coronada por un castillo que aún mantiene buena parte de la envergadura que debió tener en sus mejores tiempos. A ojos del viajero llama inmediatamente la atención. Y se acrecienta cuando, una vez dentro de la población, descubre figuras de brujas en las paredes, en las veletas o en los paneles informativos. Incluso tiene una fiesta dedicada a las servidoras del Diablo.

Lo cierto es que este pequeño núcleo de población es el epicentro de un territorio plagado de leyendas. Una zona bajo el influjo mágico de la montaña más alta del Sistema Ibérico. Allí se encuentra también el no menos misterioso Monasterio de Veruela y se recuerda a un autor español que cultivó el relato de leyenda, Gustavo Adolfo Bécquer.

Es muy posible que el escritor del romanticismo paseara por las calles de Trasmoz. Es seguro que residió por un tiempo en el Monasterio de Veruela, con el objetivo de tratar la tuberculosis que le aquejaba. Allí escribió sus conocidas “Cartas desde mi celda” y leyendas ambientadas en el paisaje que le rodeaba, en lo que muchos señalan como una parte fundamental de su etapa creativa. Con Gustavo Adolfo estaba su hermano Valeriano, que cultivó el arte por el que sería conocido: la pintura. De hecho, es el autor las imágenes más antiguas que se conocen de Trasmoz, concretamente de su castillo.

Valeriano dejó tres ilustraciones de las ruinas que debió encontrar por entonces en lo más alto de Trasmoz. En las tres destaca una figura que muchos se han preguntado si sería la de su hermano Gustavo. Bajo algunos de los dibujos una fecha, “31 de junio de 1863”. Por entonces ya conocían la leyenda negra del municipio, unida para siempre a las brujas. Así lo dejó escrito el escritor en uno de sus relatos:

“Los sábados, después de que la campana de la iglesia dejaba oír el toque de las ánimas, unas sonando panderos, y otras, añafiles y castañuelas, y todas a caballo sobre escobas, los habitantes de Trasmoz veían pasar una banda de viejas, espesas como las grullas, que iban a celebrar sus endiablados ritos a la sombra de los muros de la ruinosa atalaya que corona la cumbre del monte”

Las historias de aquelarres y rituales paganos como éste que describe Bécquer se relacionan con Trasmoz desde hace siglos. El propio origen del castillo es ya legendario, pues se asegura que lo construyó un mago llamado Mutamín en una sola noche.

En el siglo XIII se describía a Trasmoz como una “isla laica” rodeada por los territorios controlados por los monjes de Veruela. Con régimen y recursos propios por gracia de la Corona, cuentan que en aquel pueblo la herejía era una actividad constante. Por eso la iglesia lo consideró como pueblo maldito y fue excomulgado en 1252. De hecho, aseguran que nunca se ha revertido aquella decisión, por lo que la del Moncayo sigue siendo la única localidad excomulgada de España.

Una de las historias que se cuentan sobre Trasmoz viene a explicar la razón por la que el castillo se conoció como escenario de rituales paganos y otros terrores. Aseguran que, en realidad, allí fabricaba moneda falsa un sacristán de Tarazona. Por eso, para evitar las visitas inconvenientes o las miradas curiosas decidió divulgar todo tipo de cuentos sobre brujas y encantamientos.

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Pero, aunque suene a leyenda, lo cierto es que la presencia de brujas en el municipio ha quedado documentada en antiguos legajos. Se dice de ellas que maldecían, echaban males de ojo, propagaban enfermedades o destrozaban las cosechas. Incluso a algunas se las recuerda por su nombre. La tía Casca es la más famosa. Sus vecinos la despeñaron en 1850 por un barranco, acusada de atraer males sobre los niños, animales y cosechas.

Cuenta el autor de “Rimas y Leyendas”, Gustavo Adolfo Bécquer, en una de sus narraciones,a lo que le sucedió un día en el que, paseando por los bellos parajes cercanos al Monasterio de Veruela, en la comunidad de Aragón, quedó desorientado.

Tras un largo caminar, finalmente se encontró con un pastor que le hizo una advertencia. “No tome la senda de la Tía Casca, en ella fue despeñada la señora en cuestión, y al ser rechazada por Dios y por el Diablo, su alma vaga por ese camino, y mediante engañosos sonidos, unas veces con lloros de niño otras con gruñidos de lobo, atrae a los ingenuos caminantes para, con su seca mano, despeñarlos por el barranco”

Gustavo Adolfo Bécquer escribió que en ese lugar quedó entonces su alma, errando en pena.

El Castillo de Trasmoz era el lugar preferido por las brujas para celebrar sus aquelarres, se reunían para volar con sus escobas y practicar ritos perversos.

Las brujas acudían los sábados a este lugar tras el toque de las ánimas de la campana de la iglesia, llegaban desde distantes lugares para participar en sus conciliábulos.

La Tía Casca, vivió en Trasmoz durante el S.XIX su leyenda popular continúa estremeciendo y sobresaltando a todo aquel visitante que se acerque hasta estas tierras del Moncayo.

Sus poderes procedían de un misterioso unto cuyos ingredientes se le había transmitido por herencia de sus antecesoras.

Entre los poderes de la bruja destacamos que era capaz de volar, hablaba latín, lenguas desconocidas, podía emponzoñar la hierba, envenenar las aguas del río para matar a las reses que bebieran e impedir que los mulos tuviesen apetito.

La tía Casca disfrutaba echando el mal de ojo a los niños y se divertía sacándolos de la cuna para azotarlos, Por todos era sabido que las oraciones siempre las rezaba al revés.

Gustavo Adolfo Bécquer nos la describe:

“Con sus greñas blancuzcas, su formas extravagantes, su cuerpo encorvado y sus brazos disformes, que se destacaban angulosos y oscuros sobre el fondo de fuego del horizonte”

La tía Casca fue acusada de ser la ejecutora de males de ojo y todos los hechizos imaginables por los vecinos del lugar.

Estos fueron quienes la persiguieron y tras un linchamiento popular acabó despeñada por un precipicio.

Tras morir la tía Casca su alma comenzó a vagar por el entorno, quizá con sed de venganza. Ni el mismísimo diablo quiso llevársela al Infierno.

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Bécquer pone en boca de los lugareños con los que conversó que el espíritu en pena de la bruja se ocupaba, en acosar y perseguir a los infelices pastores que se arriesgan por esa parte de monte, ya haciendo ruido entre las matas, como si fuese un lobo, ya dando lastimeros como de criatura, o acurrucándose en las quiebras de las rocas que están en el fondo del precipicio, desde donde llama con su mano amarilla y seca a los que van por el borde, les clava la mirada de sus ojos de búho y cuando el vértigo comienza a desvanecer su cabeza da un gran salto, se les agarra a los pies y pugna hasta despeñarlos en la sima.

La Tía Casca murió, pero la tradición brujeril la mantuvo viva la familia.

Una muchacha ya se lo advirtió a Gustavo Adolfo Becquer.

¡Toma, toma! Mataron a una; pero como que son una familia entera y verdadera, que desde hace un siglo o dos vienen heredando el unto de unas en otras, se acabó con la tía Casca, pero que su hermana, y cuando se acaben con ésta, que acabarán también, le sucederá su hija, que aún es moza, y ya dicen que tiene sus puntos de hechicera”.

Según la opinión de Javier Bona sobre la verdadera tía Casca, recogida en la publicación “Las almenas de Trasmoz” recuperan sus brujas, en Heraldo de Aragón, Joaquina Bona, con 46 años, no debería parecer, como describe Bécquer, una vieja decrépita. Parece cierto, pues, sufrió una muerte violenta en un arranque de ira popular, acusada por hechos de brujería, cuando en realidad parecía tratarse de una simple curandera que sólo intentaba ayudar a los demás. Una muerte, en todo caso, injusta y por la que fueron condenados varios vecinos del bello pueblo del Moncayo.

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Otra bruja famosa es Dorotea. Al parecer fue víctima del encantamiento de otras brujas después del intento de su tío, el párroco Mosén Gil, de exorcizar el lugar. Más recientes son la Tía Galga y su hija, de las que se recuerdan lecturas del destino y potajes milagrosos. De hecho son recordadas con cariño porque daban solución a muchos problemas aplicando remedios con plantas que recogían de las faldas del Moncayo.

Trasmoz no sólo no ha querido olvidar las historias de brujas sino que las ha potenciado para convertirlas en un atractivo turístico. Existió durante años un museo y siguen celebrándose unas jornadas dedicadas a la brujería y las plantas medicinales que atraen a miles de personas en cada edición. Las organiza una asociación local de nombre muy sugerente: “El embrujo”. Se conocen como “Encuentro de Brujería, Magia y Plantas Medicinales del Moncayo”.

Los momentos que más destacan en esos días son los de las representaciones de la captura, juicio y tortura de brujas y herejes. Pero también se recrean batallas como las que debieron producirse en aquellas tierras durante el conflicto que enfrentó a los Reinos de Castilla y Aragón. Junto a las recreaciones hay también espectáculos musicales y de humor, talleres artesanos o un mercado esotérico durante todo el día.

En cada uno de esos encuentros las “brujas” de Trasmoz aumentan, porque una de sus vecinas es nombrada “Bruja del año”. En el nombramiento le acompañan todas las mujeres que han obtenido ese título en años anteriores. Todas ellas reciben una placa de cerámica que muchas deciden colgar en la puerta de sus casas. De esta forma no sólo están identificadas, sino que el pueblo muestra a los visitantes su continua relación con la brujería.

Pero las brujas no son las únicas manifestaciones sobrenaturales que se recuerdan en Trasmoz. Existe una tradición alrededor del día de las ánimas. Se dice que en el día de los difuntos es necesario encender una vela por cada uno de sus muertos. Las encienden dentro de calabazas a las que se le hacen agujeros y se colocan en el camino de la procesión de las ánimas, una tradición que, aseguran, se remonta a tiempos celtas y nada tiene que ver con el “Halloween” importado de EE.UU. Las luminarias se contemplan con rezos y toques de campana. Se entona, por ejemplo, el tradicional canto de “Los gozos para las ánimas benditas”.

También alrededor de esta tradición se ha originado una fiesta. Se conoce como la fiesta de “La Luz de las Ánimas” y se celebra el primero de noviembre. Cada vez atrae a más personas que encienden sus velas por los muertos. Y Trasmoz afianza su título de localidad más misteriosa de Aragón, siempre bajo la sombra del castillo en el que se encontraban las brujas las noches de los sábados.

Lo que sí está contrastado es que Trasmoz, actualmente con apenas  70 vecinos empadronados,  impedía que el Monasterio de Veruela impusiese un control absoluto sobre el territorio como sí ocurría con el resto de poblaciones de los alrededores. Era independiente, por ejemplo, en el uso del agua, ya que la Corona le había otorgado una serie de derechos que le situaban en una posición más ventajosa que al resto de municipios. Además, hay quien señala que en su Castillo lo que realmente se hacía era acuñar monedas falsas que minaban los ingresos de Veruela. Y fue este compendio de razones las que llevaron a excomulgar al municipio por orden papal.

Muchos años después, ya en el siglo XVI, en concreto en 1511, el Abad del Monasterio de Veruela decidió propagar por el municipio de Trasmoz una maldición convirtiéndolo en el único pueblo maldito conocido de toda España. A la entrada del pueblo, una cruz con un velo negro, dejaba constancia de la maldición, en la que participaron todos los monjes del Monasterio con la lectura del salmo 108 del libro de los salmos.

«Danos tu ayuda contra el adversario, porque es inútil el auxilio de los hombres; Con Dios alcanzaremos la victoria, y él aplastará a nuestros enemigos». Un salmo que se usaba para maldecir a los enemigos y con el que quedó maldecido el señor de Trasmoz, sus descendientes y todo un pueblo. No hay otro lugar en España en el que se haya realizado un ritual de estas características.

Y maldito y excomulgado ha llegado Trasmoz hasta nuestros días, ya que hasta el momento ningún Papa ha levantado la maldición ni la excomunión. Aún así, poco o nada afecta esta situación al día a día del municipio. Y es que se celebran actos religiosos con absoluta normalidad y se han mantenido las tradiciones religiosas a lo largo de la historia.

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Trasmoz destacó por su papel militar. En los siglos XII y XIII fue clave en la frontera de los reinos de Castilla, Navarra y Aragón. Asimismo, “era el único señorío laico de todo el Moncayo, repleto de señoríos eclesiásticos”. También fue el centro de una falsificación de monedas hacia 1267 que el rey Jaime I descubrió y a sus autores ejecutó. Y en el XIV y XV jugó un papel importante para Los Luna y los señores de Urrea.

Los historiadores aseguran que la fortaleza fue definitivamente abandonada en 1530, tras desplomarse su interior por un incendio. Así terminaron sus 400 años de vida militar, con diferentes etapas constructivas y guerras defensivas.

Estos han sido sus dueños y su historia:

El castillo de Trasmoz era señorío de Fortúan Sanz junto con la vecina Vera.

En 1171 Trasmoz está en poder de Navarra hasta 1185 en que Alfonso II lo recuperó para Aragón por medio del conde de Poitiers, acordando a cambio de la devolución, la ayuda de Aragón contra el conde de Tolosa.

En 1212 Pedro II de Aragón empeñó el castillo junto con otros castillos a Sancho VII de Navarra por el préstamo que este último le había hecho, quitando toda demanda sobre él en 1232 cuando entregó al rey navarro parte de los castillos empeñados.

Más tarde el castillo de Trasmoz pasa a ser dominio del rey Jaime I de Aragón.

En 1234 se firmó un pacto por 4 años con el rey navarro colocando en manos del obispo de Tarazona y del maestre provincial de los hospitalarios los castillos de Trasmoz, Gallur, Escó y Zalatambor, de modo que si no había acuerdo entre el rey de aragón  y el rey de navarra el castillo de Trasmoz quedaría adscrito al reino de Aragón.

En 1236 el castillo y la villa están bajo el dominio del justicia de Tarazona Juan Pérez.

De nuevo volvió a ser ocupado por el rey de Navarra Teobaldo I, y en 1244 Jaime I recuperó el castillo de Trasmoz para Aragón.

Pedro de Aragón en 1250 reconoce una deuda con el rey navarro por la que le entrega el castillo y la villa de Trasmoz con todos su derechos, hasta 1254 en que se firmó la paz entre Aragón y Navarra.

En 1255 Jaime I entregó el castillo al caballero navarro Sancho Fernández de Monteagudo, a condición de que no interviniera en caso de guerra con Castilla o Navarra en contra de Aragón y de que no hiciera daño ni guerra al rey de Aragón.

En 1267 el Castillo de Trasmoz  pertenece a Pedro Pérez de Tarazona, que lo utilizaba para labrar moneda falsa ayudado por su hermano Blasco sacristán de Tarazona. Estos fueron inculpados y castigados por lo que el castillo les fue confiscado y pasó al rey Aragonés.

A finales del SXIII el castillo fue dado en feudo por el rey Pedro III a su hijo Jaime Pérez. De éste último pasó a su hija Constanza, y de ésta pasó a su marido Artal de Luna.

El castillo de Trasmoz pertenecerá a la familia Luna hasta comienzos del SXV.

Don Fadrique, conde de Luna, se pasa a servir al reino de Castilla, y como consecuencia de este hecho el rey aragonés comenzó a confiscar parte de los bienes del conde de Luna.

Finalmente el conde de Luna cayó prisionero por el rey castellano, y fue recluido en el castillo de Ureña.

En 1436 el castilo de Trasmoz pasó a dominio aragonés y en 1437 Lope Ximénez de Urrea recibió el castillo de Trasmoz en donación de Alfonso V el Magnánimo, su hijo Pedro Manuel Ximenez de Urrea traslada su residencia al castillo de Trasmoz en el año 1509.

Don Pedro Manuel Ximenez de Urrea (1485-1524), intelectual y poeta, es uno de los nobles más poderosos de Aragón y uno de los grandes escritores de ese siglo.

Escribe poemas cultos, religiosos, morales, amorosos, canciones y villancicos.

Elabora relatos alegóricos y de defensa de los valores de la nobleza y églogas pastoriles cuyos personajes proceden de Moncayo.

En la obra Peregrinación a Jerusalén, Roma, y Santiago de Don Pedro Manuel Ximenez de Urrea había un capítulo titulado “Trasmoz hace cien fuegos” que contendría información sobre este señorío y sobre su castillo.

A partir del SXVI el castillo de Trasmoz comenzó su destrucción y deterioro debido al gran abandono que sufrió.

En 1530 la torre del homenaje fue devastada por un incendio y años más tarde el interior del castillo fue expoliado por los depredadores furtivos de tesoros que cavaron sin ningún tipo de respeto, a lo que fue en su día, un glorioso castillo testigo de batallas y conquistas entre los grandes reinos que lo atesoraban.

En la actualidad la situación ha mejorado afortunadamente ya que en los años 70 el castillo de Trasmoz fue adquirido mediante subasta por el empresario Aragonés Manuel Jalón, inventor de la fregona y de la jeringuilla desechable.

Este nuevo propietario se compromete al estudio y conservación del castillo e impulsa la Fundación Castillo de Trasmoz de la que forman parte también profesores de la Universidad de Zaragoza.

La Fundación de Amigos del Castillo de Trasmoz tiene previsto continuar con la rehabilitación del resto del recinto del Castillo de Trasmoz.

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Los mitos, fábulas, gestas y ritos ligados al castillo de Trasmoz sobrevuelan de nuevo por entre la historia documentada de este particular recinto aragonés. La magia, los duendes, aquelarres y encantamientos de brujas que hasta Gustavo Adolfo Bécquer relató sobre Trasmoz en tres de sus leyendas se unen para siempre a todo un archivo arqueológico e histórico del recinto, con Pedro Manuel Ximénez de Urrea (1485-1524), último señor del castillo de Trasmoz, como protagonista .

Es más, son estas historias las que cada año llevan a miles de turistas a visitar esta localidad zaragozana, que ha hecho de sus brujas y sus leyendas todo un filón para el turismo. Cuenta con un museo dedicado a la brujería y cada año, con la llegada del verano, se celebra una feria dedicada a las brujas, la magia y las plantas medicinales que atrae a cientos de visitantes al pueblo.

Esa tradición de brujería es la que lleva a los habitantes de este poblado a que las tradiciones antiguas perduren, por lo que durante el año organizan dos eventos que permiten la visita de turistas y personas que disfrutan con estos temas. Una de las actividades es el Encuentro de brujería, magia y plantas medicinales del Moncayo que se lleva a cabo a mediados del año y es organizado con la intención de tener vivas las leyendas asociadas a la villa. En ella, además, se hacen representaciones donde sobresalen los disfraces y juegos de luces. A este festejo se suma el Museo de la Brujería, un sitio en el que se puede conocer la historia de las brujas más famosas, las leyendas que encierran a estos personajes y una importante muestra de plantas medicinales. El otro festejo se presenta el 31 de octubre, día en el que se celebra La luz de las ánimas. Esta parece ser una antigua celebración de origen celta que festejaba la llegada del imperio de las tinieblas, las largas noches de invierno, momento perfecto para que los espíritus afloraran para vagar entre los vivos.

Existe un libro antiguo que refleja el peregrinaje del señor de Trasmoz a las tres Ciudades Santas, Jerusalén, Roma y Santiago, de una sola vez. No existe constancia escrita de que ningún hombre haya hecho algo así.

En torno al siglo XX, ese documento se encontró.  Constituía uno de los libros de hoguera, considerados herejía por la Inquisición. Por ello, cuando encontraron la obra en Francia, estaba cosida bajo las tapas de otro libro que sí estaba permitido. El dueño era un descendiente directo de Napoleón.

Quizá también buscaban la protección de las brujas de Trasmoz los que cometieron el secuestro del doctor Julio Iglesias Puga,“Papuchi”, a comienzos 1982, ya que fue en este municipio donde el doctor permaneció retenido durante 20 días.

Verdad o no, hoy en día no se ven brujas por sus calles aunque el castillo albergue un museo sobre la brujería, eso sí puedes comprarle mermeladas de autor a Guillermo Fatás cantante del grupo aragonés Puturrú de fua (“No te olvides la toalla cuando vayas a la playa” y otros éxitos ochenteros) y participar en numerosas festividades curiosas como la de hacer roldar el huevo, la feria de brujería y magia o la celebración, por todo lo alto del día de los difuntos.

Otro punto que sobresale en esta localidad es la calle llamada Gol de Nayim, nombrada así en homenaje al gol que marcó este jugador, y con el que el Real Zaragoza pudo alzarse con el título de la Recopa en 1995. Aunque Trasmoz es una población pequeña encierra misticismo y magia, por lo que vale la pena incluirla en nuestras agendas de viaje.

 

Hasta la próxima y contarnos vuestras leyendas e historias de vuestras ciudades y pueblos si queréis que la publiquemos no dudéis de contactar en el siguiente mail:

contacto@eluniversopordescubrir.com

Elena G.

 

 

 

 

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SALEM

SALEM 1629 EL HORROR DE LAS BRUJAS

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Viajemos en el tiempo, tiempo de brujas, persecuciones, adoraciones, pócimas y aquelarres, volemos hacia Salem año 1629, ¿estáis preparados para otro fascinante viaje? Y recordad todo es un hecho real.

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Salem la alusión a este simple nombre evoca la imagen de brujas, aquelarres, persecuciones y hogueras. Salem es sinónimo de persistencia, lucha contra el demonio, siembra de pánico, puritanismo, pócimas, locura errática e intolerancia. En Salem surge, además de la leyenda, la famosa confesión cruzada que a partir de entonces se conoce justo como «cacería de brujas».

Una de las épocas más oscuras de la historia de América fue marcada por los episodios ocurridos en Salem (Massachusetts) por el año 1692, cuando más de 200 personas fueron acusadas de practicar la brujería y de las cuales 20 fueron víctimas de histeria que terminó con sus vidas.

La caza de brujas comenzó a partir del año 1300 en Europa extendiéndose hasta la década de 1600, situación que se desarrolló por un variedad de razones, tales como el miedo al diablo instalado por el cristianismo principalmente, movimiento religioso que resaltaba el poder y la relación entre las brujas y lucifer, para quien trabajaban y de quien obtenían sus poderes mencionados.

La colonización de Salem se llevó a cabo por los puritanos en 1628 y fue el rey Carlos I quien concedió a estos inmigrantes la carta real para colonizar el área, carta que fue revocada por Carlos II en 1684 después que los colonos violaran varias de las normas de dicha carta, entre las cuales se incluían basar las leyes sobre las creencias religiosas, ejecuciones ilegales y discriminar a los anglicanos.

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Así surgió una carta anti-religiosa que sustituyó la original en 1691 y también fusionó a otras colonias en una sola. Los puritanos que habían salido de Inglaterra debido a la persecución religiosa, temían estar siendo atacados de nuevo y estaban perdiendo el control de su colonia, generando así una sensación de inquietud y descontento a su entorno. Situación a la que se sumó una epidemia de viruela, rivalidades entre las familias dentro de la colonia, la amenaza constante de ataque de las tribus en las inmediaciones y una reciente afluencia de refugiados tratando de escapar la guerra del rey Guillermo con Francia en Canadá y en el norte del estado de Nueva York.

Todos estos factores crearon un ambiente tenso en Salem generando el terreno propicio para la histeria que se desató en enero de 1692 cuando un grupo de chicas jóvenes, que más tarde llegaron a ser conocidas como los “niñas afectadas”, cayeron enfermas después de jugar un juego de adivinación y comenzaron a comportarse de manera extraña.

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La mañana del 20 de enero de 1692, en el poblado de Danvers —que entonces era una parroquia del pueblo de Salem, en Nueva Inglaterra—, dos niñas, Betty y Abigail Williams, hija y sobrina del ministro de la villa, el reverendo Samuel Parris, empezaron a sufrir ataques, desmayos y comportamientos extraños, de tipo epiléptico e histérico: se arrastraban por el suelo, arrojaban objetos y se contorsionaban y convulsionaban al unísono y de forma impresionante y aparatosa. Al ser interrogadas al respecto, ambas afirmaron que se sentían afligidas por una «presencia sobrenatural, inhumana e invisible».

Los colonos, doctores y autoridades juzgaron que eso era obra del Diablo e instaron a las niñas a confesar quién o qué creían que fuera la causa de sus padecimientos. Las niñas, al verse acorraladas, no tuvieron a nadie más que acusar que a su nana, Tituba, una esclava negra procedente de Barbados que trabajaba en casa de Parris y que, al ser negra y extranjera, se convirtió en el blanco perfecto, ya que, desde su llegada, les había llenado la cabeza de cuentos y fantasías procedentes de sus creencias primitivas: vudú, apariciones y hechizos. Las niñas también mencionaron a otras dos mujeres: Sarah Good, una pobre pordiosera, sin casa, sin oficio ni beneficio, y Sarah Osburn, otra mujer que nunca iba a la iglesia y que había escandalizado al pueblo por sus amoríos con un mozo de labranza forastero.

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En febrero de 1692, las tres mujeres fueron examinadas por los magistrados del pueblo, quienes creían en la existencia del mal, la tentación y el demonio y de su interferencia en la vida diaria. Ellos les preguntaron en forma directa si tenían contacto con el Diablo y, acto seguido, las exhortaron a confesar afirmativamente, «ya que ésta era la única forma para salvarse», si no lo hacían serían condenadas a la horca. Las dos Sarahs lo negaron todo; sólo Tituba, por miedo a ser asesinada, confesó ser bruja y «haber visto al Diablo en forma de cerdo y perro, haber visto el libro del demonio y haber firmado en él». La corte entera de jueces y parroquianos quedó sorprendida y fascinada con la narración.

Debido a la confesión de Tituba, las tres mujeres fueron encarceladas en Boston en condiciones realmente precarias. Los relatos de la posesión diabólica y de las tres brujas corrían de boca en boca en el poblado, por lo que pronto otras niñas mostraron los mismos síntomas y, a su vez, acusaron a otras mujeres, lo que dio por resultado una oleada interminable de juicios condenatorios.

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El problema creció a tal punto que se nombró una corte desde Boston para tratar todos estos casos de brujería, la cual basaba sus veredictos únicamente en las reacciones y las afirmaciones de las niñas afectadas y en marcas que se consideraban estigmas de la brujería: lunares, cicatrices, hasta acné, fiebre o vello. Pero la prueba definitiva era infalible, porque asumía que la misma acusada confesara, aunque fuera empujada a ello para salvar su vida o, en todo caso, su alma, y que, al mismo tiempo, señalara a otra persona que la hubiera influenciado.

La fiebre duró varios meses. Las últimas ejecuciones fueron el 22 de septiembre de 1692, pero los procesos legales continuaron hasta mayo del año siguiente. Después de cinco años, la fiebre de las brujas de Salem había bajado; sin embargo, la villa había quedado arruinada, y muchas familias se habían separado.

Los acontecimientos en los juicios tuvieron una profunda influencia en la región: las cosechas se habían visto seriamente disminuidas, el ganado estaba muerto o había huido, las casas y las familias estaban devastadas a causa del pánico y quedó una sombra en el condado que todavía perdura en la leyenda.

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Habría que entender el mundo en el que vivían los colonos puritanos de esta región, en la que se habían establecido recientemente, provenientes de una Inglaterra que no había querido reformar su Iglesia, misma que ellos consideraban mundana y corrupta. Su intención era crear en esta tierra americana un New Bible State, en el que sólo los miembros devotos prevalecieran y el mal se combatiera día con día. Creían en el Diablo como un ser equiparable a Dios y al que sólo Dios podía someter, y creían también que el Diablo no podía agredir a ninguna persona físicamente, sino que, de manera forzada, tenía que hacer contacto con una mujer, que tendría que firmar en su libro su nombre con sangre y en ese momento era nombrada bruja.

En 1647, las colonias de Rhode Island, Massachusetts y Connecticut dictaron una ley que decía: «Se prohíbe la brujería en esta colonia, la pena por su práctica será inexorablemente la muerte». En 1648, se llegó incluso a crear en la iglesia y el gobierno el cargo de witchfinder «buscador de brujas» para vigilar actos considerados heréticos o heterodoxos.

El mundo de los colonos era un «mundo de espíritus». Lo invisible, lo mágico y lo diabólico lo rodeaba. Un mundo preilustrado que no entendía de conocimientos científicos y en el que muchos acontecimientos carecían de explicación. A esto hay que agregarle el factor del «teléfono descompuesto» de cualquier pueblo chico e infierno grande. Entender la dinámica de la crisis de la brujería en Salem es entender cómo se transmitía la información en esa época, de persona a persona, de pueblo en pueblo, de granja en granja. La curiosidad y los chismes magnificaban los hechos, la gente exageraba lo ocurrido. Los ataques y juicios formaban, de un copo, una bola de nieve.

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Dentro de la pequeña comunidad de Salem existía una conducta estrictamente dictada por la religión, en la cual cada persona vigilaba a sus vecinos y, a su vez, era vigilada por éstos. Además, las mujeres eran consideradas como individuos destinados a servir a sus esposos y carecían de mayores derechos; por su parte, los niños eran destinados a educarse severamente desde temprana edad en las labores de los adultos en vez de simplemente jugar. Otra preocupación que se volvió fundamental dentro de esta comunidad era evitar la «ira de Dios» y, por tanto, sujetarse a los dictados religiosos del puritanismo para, así, evitar el castigo divino: pérdida de cosechas, mal clima, guerra, intrusos y muerte de ganado.

En cuanto a los ataques originales, varios historiadores afirman que fueron fingidos, aunque también se habla de que las niñas eran histéricas o adolescentes consentidas. Mucho también se ha dicho que los pobladores estaban sufriendo de una crisis de ergotismo —intoxicación plena con el hongo del pan de centeno fermentado, Claviceps purpurea o cornezuelo, que contiene elementos químicos similares al alucinógeno Lsd, pero la mayoría de los historiadores modernos encuentra esta explicación plausible, por el desarrollo agrícola de la región. En épocas más recientes, se han aducido muchas otras causas, como enfermedades del sistema nervioso central, intoxicación y hasta una epidemia de encefalitis, mientras que algunos otros aluden al tema del estrangulamiento social de la mujer, la misoginia y el sexismo de la religión puritana.

Sin embargo, ninguna de estas hipótesis es certera y ninguna explica el contenido de las visiones de las niñas, que probablemente sólo eran producto de su imaginación infantil, exacerbada por los cuentos de la nana caribeña. Lo que es un hecho es que si los primeros ataques podrían haber sido causados por diferentes razones, los ataques subsecuentes y los de las demás niñas y mujeres seguramente fueron imitaciones, puestas en escena que ellas mismas montaban para asegurarse de que no serían condenadas.

Los juicios por brujería de Salem fueron una serie de audiencias locales, posteriormente seguidas por procesos judiciales formales, llevados a cabo por las autoridades con el objetivo de procesar y después, en caso de culpabilidad, castigar delitos de brujería en los condados de Essex, Suffolk, y Middlesex (Massachusetts), entre febrero de 1692 y mayo de 1693. Este acontecimiento ha sido usado retóricamente en la política y la literatura popular como una advertencia real sobre los peligros del extremismo religioso, acusaciones falsas, fallos en el proceso y la intromisión gubernamental en las libertades individuales.

A pesar de ser generalmente conocido como «los juicios de Salem», las audiencias preliminares en 1692 se llevaron a cabo en diversas ciudades de toda la provincia: la aldea de Salem, Ipswich, Andover y la ciudad de Salem. Los juicios más conocidos tuvieron lugar en la ciudad de Salem, realizados por un Tribunal de Oyer and terminer en 1692.

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Más de 150 personas fueron detenidas y encarceladas, solo con acusaciones, sin embargo no llegaron a ser formalmente procesadas por el tribunal del condado. Al menos cinco de los acusados fallecieron en prisión, y las veintiséis personas que fueron a juicio fueron condenadas ante este tribunal. Un rasgo particular de estos juicios fue que las denuncias de alucinaciones y contactos demoníacos surgieron entre un grupo de mujeres de la comunidad de Salem, pero nunca se realizaron procedimientos serios para obtener pruebas de tales prácticas, sino que casi todas las acusaciones se basaban en rumores. Los propios jueces se dejaron llevar por la histeria religiosa de la comunidad de Salem, formada mayormente por puritanos, que exigía frenéticamente condenas a las presuntas brujas.Salem

Las cuatro partes en las que se dividió la Corte Superior de la Judicatura de 1693 se celebraron en la aldea de Salem, Ipswich, Boston y Charlestown, pero solo se produjeron tres condenas de los treinta y un juicios llevados a cabo por la Corte Superior de Judicatura. Los dos tribunales condenaron a veintinueve personas por brujería. Diecinueve de los acusados, catorce mujeres y cinco hombres, fueron ahorcados. Un hombre, Giles Corey, se negó a emitir declaración y murió lapidado en un intento de obligarlo.

Muchas teorías, han intentado explicar por qué la comunidad de Salem explotó en ese delirio de brujas y perturbaciones demoníacas. La más difundida insiste en afirmar que los puritanos, que gobernaban la colonia de la bahía de Massachusetts prácticamente sin control real desde 1630 hasta la promulgación de la Carta Real de Massachusetts en 1692, atravesaban un período de alucinaciones masivas e histeria provocadas por fanatismo religioso.

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Por otra parte, el obispo también había sido acusado de brujería año antes, pero fue absuelto del delito, en cambio Bridget fue acusada por cinco de las niñas afectadas, quienes declararon que ella las había lastimado físicamente y trató de hacerles firmar un pacto con el diablo. Durante el juicio, el Obispo se defendió repetidamente a sí mismo, diciendo que “yo soy inocente, no sé nada de eso, no he hecho la brujería. Yo soy tan inocente como el niño por nacer” pero igualmente fue condenado y ahorcado en junio de 1692 en Gallows Hill rápidamente

Lo que sí debe quedar claro es que Salem merece una visita, no basta con saber qué pasó allí, hay que presenciarlo y sentir ese misterio que flota en el aire. Y si además nos gustan los temas paranormales o esotéricos, disfrutaremos a lo grande. Allí se rodaron varias películas sobre la tragedia y hasta una serie de televisión con su propio nombre SALEM.

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Ahora la ciudad ofrece varias atracciones turísticas basadas en la caza de brujas de 1692, como el Museo de Brujas de Salem, el Salem Wax Museum, el Museo de los calabozos para brujas, el Museo de Historia de brujas, la Casa de las brujas, etc. Además de otras atracciones y museos que tratan  temáticas varias, como los piratas o los constructores de barcos y edificios que constituyeron la base de la economía de la zona en siglo XVII. También hay un buen número de tiendas esotéricas, ahora que existe libertad de culto y creencias y que le dan a la ciudad un ambiente sobrenatural.

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Salem, que es bastante pequeño, con callecitas estrechas y un tráfico rodado poco denso, invita al turista a pasear a pie con total libertad, desde el cementerio viejo, que está en pleno centro, hasta las amplias arboledas que llevan a los pueblos vecinos, como Andover o Billerica. Hay un gran número de restaurantes, sobre todo de comida italiana y tiendas de todo tipo. Es un municipio muy animado y siempre está lleno de turistas, de donde se desprende que está preparado para recibirlos. Es común encontrar a la gente disfrazada por la calle, son actores de los museos que representan performances dentro y fuera del recinto. El ambiente es muy divertido y en cierta manera, muy esotérico. Es algo que hay que vivir y no sólo leer.

Elena G.

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LA VERDADERA HISTORIA DE LAS BRUJAS DE ZUGARRAMURDI

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Cojamos la escoba, pongámonos el gorro y viajemos en el tiempo, nos vamos al Año 1610.

Una joven de la localidad Navarra de Zugarramurdi, cuenta a sus vecinos sus inquietantes sueños. Aseguró haber volado y haber visto a varias personas del pueblo participando en aquelarres. Pudo quedar en un sueño de adolescencia. Pero la Inquisición barrió para casa e investigó el asunto, El sueño se tornó en pesadilla. Fueron encausadas 53 personas de la comarca, según explican en el pueblo. La mayoría murieron en las cárceles o en el camino. El 7 de noviembre de 1610 se celebró el Auto de fe y, como resultado del mismo, 21 arrestados fueron acusados de delitos menores, 21 fueron perdonados y 11 condenados a la hoguera (6 en persona y 5 en efigie, junto con sus restos mortales), siendo quemados el domingo 8 de noviembre de 1610.Desde entonces las Brujas de Zugarramurdi es el nombre con el que se conoce el caso más famoso de la historia de la brujería vasca y posiblemente de la brujería en España. Pero vayamos  al principio de esta fascinante historia.

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A principios del siglo XVII Zugarramurdi era una pequeña aldea de la montaña navarra colindante con Francia. Tenía unos doscientos habitantes dedicados a la agricultura y a la ganadería. Su parroquia dependía del monasterio premonstratense de Urdax en el que vivían entre frailes y criados unas cien personas.

A finales de 1608 volvió a Zugarramurdi para trabajar de criada una mujer de veinte años que había emigrado hacía cuatro años con sus padres a una localidad costera del Labort. Allí oyó historias de brujas y se hizo una de ellas durante dieciocho meses.

En Zugarramurdi empezó a contar sus experiencias y en una ocasión dijo que había visto en uno de los aquelarres a María de Jureteguía, vecina del pueblo.

Cuando ésta se enteró de lo que se decía de ella afirmó con grandes voces y enojo “que no era bruja y que era una gran maldad y falso testimonio que le levantaba la francesa”.

Sin embargo, la delatora consiguió convencer a la gente de que era cierto lo que afirmaba y hasta el marido y la familia de la presunta bruja la creyeron, lo que hizo que María de Jureteguía se derrumbara y confesara ser bruja desde niña y que su tía María Chipía de Barrenechea era quien le había enseñado.

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Después, sintiéndose perseguida por las brujas que querían que volviera a los aquelarres, dio más nombres de brujos y de brujas y sus casas fueron allanadas en busca de sapos, compañeros y protectores de las brujas. Finalmente, todos ellos, siete mujeres y tres hombres, acabaron haciendo una confesión pública en la iglesia parroquial. Sin embargo, tras arrepentirse los vecinos los perdonaron. Lo que estaba pasando en Zugarramurdi llegó a oídos del tribunal de la Inquisición de Logroño, que era el que tenía la jurisdicción sobre Navarra, que envió en los primeros días de enero de 1609 a un comisario de la Inquisición para que informara.

El 12 de enero llegó a Logroño el escrito del comisario y los dos inquisidores del tribunal, que creían en la realidad de la brujería, ordenaron la detención de cuatro de las brujas que habían confesado. Fueron encarceladas en la prisión secreta de la Inquisición de Logroño y contando con un intérprete las sometieron a un duro interrogatorio hasta que las cuatro confesaron que eran brujas.

El 13 de febrero enviaron una carta al Consejo de la Suprema Inquisición en Madrid en la que relataban a su manera lo que habían averiguado, además de pedir instrucciones sobre la forma en que debían proceder en adelante. La contestación llegó el 11 de marzo y en ella la Suprema, siguiendo la política de rigor a la hora de determinar la veracidad de los fenómenos de brujería que había aplicado hasta entonces, ordenó a los inquisidores que se cercioraran de que lo decían las brujas era verdad, para lo que les enviaron un minucioso y detallado cuestionario de catorce preguntas. Pero la creencia de los dos inquisidores en la realidad de los hechos que les habían contado era tan grande que no hicieron caso a la información que les había dado el carcelero inquisitorial que había oído a las cuatro mujeres decir que se habían declarado brujas, aunque no lo eran, porque creían que así podrían salir antes de la prisión y volver a sus casas.

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El 9 de febrero de 1609, cuatro días antes de que los inquisidores enviaran la carta a la Suprema, se presentaron ante el tribunal de Logroño varios vecinos de Zugarramurdi que habían llegado hasta allí acompañados de un guía para exponer ante el tribunal lo que realmente había sucedido. “El grupito debió causar sensación en Logroño; llegaban unos montañeses con raro atuendo, hablando una lengua ininteligible, cansados y maltrechos y para mayor extrañeza ¡llamaban a las puertas de la temida Inquisición!”. El grupo estaba compuesto por Graciana de Yriart (más conocida como Graciana de Barrenechea, esposa de Miguel de Goyburn) y de sus dos hijas (Estevania de Yriart y María de Yriart).

Cuando se presentaron ante el tribunal afirmaron que acudían a pedir justicia porque no eran brujos y si lo habían confesado al vicario de Zugarramurdi “era porque los apretaron y amenazaron mucho si no los decían”. El problema fue que el guía que los había acompañado a Logroño testificó que eran brujos y la Inquisición decidió encarcelarlos.

Los dos inquisidores no hicieron caso de las instrucciones recibidas de la Suprema y pensaron que la proclamación de inocencia de los acusados era un truco de sus parientes o del demonio que quería librarles del castigo. Tras cinco meses de hábiles y reiterados interrogatorios fueron consiguiendo que los encausados confesaran, por lo que desde la perspectiva de los crédulos inquisidores habían vencido al diablo que los tenía aterrorizados para que no hablaran. Los autoinculpados también delataron a otros brujos y brujas que quedaban en las montañas y proporcionaron listas de niños y de niñas de menos de catorce años que participaban en los aquelarres.

Con la información obtenida, uno de los inquisidores partió en agosto de 1609 al norte de Navarra y desde allí fue enviando a Logroño a los supuestos cómplices de los brujos y las brujas. El inquisidor, cuyo nombre era Juan Valle Alvarado, “pasó varios meses en Zugarramurdi y recogió muchas denuncias, según las cuales quedaban inculpadas hasta cerca de trescientas personas por delitos de Brujería, dejando aparte los niños. De estas personas fueron presas y llevadas a Logroño hasta cuarenta de las que parecieron más culpables”.

Juan Valle Alvarado se había dirigido en primer lugar al monasterio de Urdax donde fue recibido con toda solemnidad por el abad, quien le confirmó que la zona estaba infestada de brujas y que la gente solía gritar ¡sorgiñak, sorgiñak! (¡brujas, brujas!) para protegerse de ellas. Desde allí visitó las localidades navarras de Vera de Bidasoa y Lesaca donde contó con la entusiasta colaboración de los párrocos locales, que encerraron a mujeres y a niños hasta que confesaran y delataran a las brujas, y después el párroco de Vera puso a los niños bajo su protección para “librarlos de los grandes daños, que las brujas los hacen llevándolos al aquelarre”. Ahora bien, por esas mismas fechas visitó la zona el obispo de Pamplona, alarmado sobre lo que se contaba que sucedía en esa parte de su diócesis, y llegó a la conclusión contraria a la del inquisidor de Logroño: que allí nunca había habido secta de brujas hasta que llegaron las noticias de Francia, y que muchos vecinos cruzaban la frontera para presenciar la quema de brujas en el Labourd, donde oían las acusaciones y aprendían lo que se decía de ellas y de los aquelarres.

Los detalles del proceso inquisitorial son conocidos gracias a que, poco después de que se celebrara el auto de fe que le puso fin, Juan Mongastón publicó una relación del proceso en Logroño, que fue reeditada varias veces. Una de ellas data de 1811 e iba acompañada de unas notas críticas, calificadas en su tiempo de irreverentes, del escritor ilustrado Leandro Fernández de Moratín.

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En la relación de Mongastón el “prado del Cabrón”refiriéndose a las reuniones y ritos que se realizaban en honor de Akerbeltz, el dios cabrón vasco, y que fue absorbida por el imaginario popular como reunión de brujas. Donde Supuestamente se reunían los brujos de Zugarramurdi, se situaba “al lado de una cueva o túnel subterráneo de grandes proporciones, verdadera catedral para un culto satánico o pagano simplemente, que está cruzado por el río o arroyo del Infierno, y que tiene una parte donde es tradición que solía estar el trono del Diablo”. Según se cuenta en la relación, aparecía allí el Demonio, “sentado en una silla, que unas veces parece de oro y otras de madera negra, con gran trono, majestad y gravedad y con un rostro muy triste, feo y airado”. Esta reunión se realizaba en determinadas fechas señaladas durante el año, algunas coincidiendo con fechas de significado pagano, y también era conocida como Sabbath en referencia a la celebración del sábado como día sagrado por los judíos.

El aquelarre consistía en el siguiente ritual:

Se va a buscar al nuevo brujo (dos o tres horas antes de medianoche), se le frotan las manos, el rostro, el pecho, las partes pudendas y la planta de los pies con agua verdosa y fétida, y luego se le hace volar por los aires hasta el lugar del aquelarre, allí aparece el demonio sentado en una especie de trono, tiene el aspecto de un hombre negro, con cuernos que iluminan la escena, el recién llegado reniega de la fe de Cristo, reconoce al demonio como dios y señor y le adora besándole la mano izquierda, la boca, el pecho y las partes pudendas, el demonio se da la vuelta y muestra su trasero, que el brujo ha de besar también. A continuación, el neófito es marcado con una uña por el mismo Demonio, sacándole sangre en una vasija. También le imprime una marca en la niña del ojo: la consabida figura del sapo.  Acabado de hacer el reniego, el Demonio y demás Brujos ancianos que están presentes, advierten al novicio que no ha de nombrar el nombre de Jesús, ni de la Virgen santa María, ni se ha de persignar, ni santiguar.

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Mongastón  explicaba con detalle lo que eran capaces de hacer los brujos y las brujas. En primer lugar, las metamorfosis, Además de los bailes, colgarse por las paredes cuando están en el Aquelarre, salen a espantar y a hacer mal a los pasajeros, en figuras diferentes, para que no puedan ser conocidos, que el Demonio (al parecer) los transforma en aquellas figuras y apariencias, y en las de puercos, cabras y ovejas y otros animales, según es más a propósito para sus intentos.También desencadenaban tempestades que provocaban que los barcos naufragaran y que destruían las cosechas o lanzaban maleficios contra campos y bestias mediante unos polvos diciendo al mismo tiempo que los echaban: “Piérdase todo y sálvese solo lo mío”. El procedimiento de elaboración de los polvos y ponzoñas era descrito con gran detalle.

Muchas veces en el año, siempre que los frutos y panes comienzan a florecer, hacen polvos y ponzoñas, y para esto el Demonio aparta a los que ha dado poder y dignidad de hacer ponzoñas y les dice el día en que las han de hacer, y les reparte los campos, para que en cuadrillas vayan a buscar las sabandijas y cosas con las que han de hacer las dichas ponzoñas, y al  día siguiente salen por la mañana (llevando consigo azadas y costales) y luego el Demonio y sus criados se les aparecen, y los van acompañando a los campos, a las partes más lóbregas y cavernosas y buscan y sacan gran cantidad de sapos, culebras, lagartos y lagartijas, limacos, caracoles y pedos de lobo (que son unas bolillas redondas que nacen por los campos a manera de turmas de tierra, que apretándolas echan de sí un humo de mucha cantidad de polvos pardos) y  juntados y guardados en sus costales los llevan  a sus casas y unas veces las utilizan  en el Aquelarre y otras veces en sus casas (en compañía del Demonio) forjan y hacen sus ponzoñas.

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Otro de los poderes que se atribuía a los brujos y brujas era su capacidad para provocar enfermedades e incluso la muerte mediante polvos y ungüentos mientras decían: “El señor te dé mal de muerte” (o tal enfermedad por tanto tiempo). La relación también cuenta horrendos casos de vampirismo, relacionados sobre todo con niños, que eran sacados de sus casas por los brujos y brujas por orden del Demonio.

En junio de 1610 los inquisidores del tribunal de Logroño acordaron la sentencia de culpabilidad de veintinueve de los acusados. Sin embargo, el inquisidor Alonso de Salazar y Frías, incorporado al tribunal en julio del año anterior, (por lo que no había participado en los interrogatorios de los principales inculpados), votó en contra de la condena a la hoguera de María de Arburu por falta de pruebas. Tras la celebración del auto de fe en noviembre del año siguiente, el inquisidor Salazar dudó también de la culpabilidad del resto y, tras una revisión a fondo del caso ordenada por el Consejo de la Suprema Inquisición, que incluyó una investigación exhaustiva en el escenario de los hechos interrogando a los supuestos brujos y brujas que habían sido reconciliados e interrogando a los testigos, se arrepintió completamente de la sentencia que él también había firmado al considerar que se había cometido una “terrible injusticia”.

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Salazar escribió al Consejo de la Suprema lo siguiente:

Cometimos culpa el tribunal, al no reconocer la ambigüedad y perplejidad de la materia. Cometimos defectos en la fidelidad y recto modo de proceder, en que no escribíamos enteramente en los procesos circunstancias graves, ni las promesas de libertad que les hacíamos, en los careos entre sí, y otras sugerencias para que acabasen de confesar toda la culpa que queríamos, reduciéndonos nosotros mismos a escribir sólo para llevar mayor consonancia de hacerlos culpados y delincuentes. Tanto que también por esto dejamos de escribir muchas revocaciones.

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El domingo 7 de noviembre de 1610 se había congregado en Logroño “gran multitud de gente” venida también de Francia para asistir al auto de fe,  se calcula que asistieron treinta mil personas. Se inició con una procesión encabezada por el pendón del Santo Oficio al que seguían mil familiares, comisarios y notarios de la Inquisición que lucían pendientes de oro y cruces en el pecho y varios cientos de miembros de las órdenes religiosas. A continuación, iba la Santa Cruz verde, insignia de la Inquisición, que fue plantada en lo más alto de un gran cadalso. Aparecieron después veintiún penitentes con un cirio en la mano y seis de ellos con una soga en la garganta para indicar que habían de ser azotados y veintiuna personas con sambenitos y grandes corozas con aspas, velas y sogas, lo que indicaba que eran reconciliados. A continuación, salieron cinco personas portando estatuas de difuntos con sambenitos de relajados (pena de muerte), acompañadas de cinco ataúdes que contenían sus huesos desenterrados se trataba de dos mujeres y dos hombres que se habían negado a reconocer que eran brujas y brujos, y de otra que sí lo había hecho pero que sería quemada por ser una de las instigadoras de la secta. Seguidamente, aparecieron cuatro mujeres y dos hombres, también con los sambenitos de relajados, que iban a ser entregados al brazo secular para que fueran quemados vivos porque se habían negado a admitir que eran brujas y brujos. Cerraban el cortejo, cuatro secretarios de la Inquisición a caballo acompañados de un burro que portaba un cofre guarnecido de terciopelo que guardaba las sentencias, y los tres inquisidores del tribunal de Logroño, también a caballo.

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Una vez aposentados en el cadalso los acusados y enfrente los inquisidores, con el estado eclesiástico a su derecha y las autoridades civiles a su izquierda, un inquisidor dominico predicó el sermón y a continuación comenzó la lectura de las sentencias por los secretarios inquisitoriales. La lectura duró tanto que el auto de fe tuvo que alargarse al lunes 8 de noviembre. Mongastón escribió:

Tras haber oído tantas y tan grandes maldades, nos fuimos todos santiguándonos a nuestras casas. Dieciocho personas fueron reconciliadas porque confesaron sus culpas y apelaron a la misericordia del tribunal. Las seis que se resistieron fueron quemadas vivas. Cinco más fueron quemadas en efigie porque que ya habían muerto.

Debido a la dureza de las penas que se aplicaron, el de las brujas de Zugarramurdi se convirtió en el proceso más grave de la Inquisición española contra la brujería. Según el hispanista británico Henry Kamen, esta excepción en la relativamente benigna trayectoria de la Inquisición en relación con el tema de la brujería se explica por la influencia que tuvo la caza de brujas llevada a cabo en 1609 al otro lado de la frontera por el juez Pierre de Lancre, ya que el pánico hacia las brujas se trasladó a los valles del norte de Navarra.

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El antropólogo español Carmelo Lisón Tolosana considera que la sentencia fue “más bien benigna. Sólo seis y por mantenerse en su herejía, más la «notoria» María de Zoraya, fueron sentenciados al supremo sacrificio, lo que también, aunque hoy no lo aprobemos, era normal y aún peor en aquellos siglos si comparamos estos castigos con los impuestos en Europa occidental. Dos años más tarde, en 1612 veinte personas fueron acusadas de brujería, diez fueron condenadas a muerte (incluida una niña de once años) en Lancashire, y el muy famoso cazador de brujos Matthew Hopkins llevó a la hoguera unos años más tarde, tres centenares de brujos, como resultado de su inquisición por unas pocas provincias del este de Inglaterra”.

Por su parte el hispanista francés Joseph Pérez afirma: “si lo comparamos con los centenares de ejecuciones que se producen al mismo tiempo en territorio francés, al otro lado de los Pirineos, este veredicto puede parecer clemente. En España resulta escandaloso”.

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En abril de 1611 el famoso humanista Pedro de Valencia presentó un informe sobre la relación publicada por Mongastón del proceso de Logroño que le había pedido el inquisidor general. En él afirmó, entre otras cosas, que en los hechos de Navarra había un fuerte componente de enfermedad mental: “Se debe examinar lo primero si los reos están en su juicio o si por demoníacos o melancólicos o desesperados”. Así decía que su conducta “parece más de locos que de herejes y que se debe curar con azotes y palos más que infamias ni sambenitos”. Finalmente, Pedro de Valencia aconsejaba: “Búsquese siempre en los hechos cuerpo manifiesto de delito conforme a derecho, y no se vaya a probar caso muerte ni daño que no ha acontecido”. Son gentes cegadas por el vicio, con deseo de cometer fornicaciones, adulterios o sodomías, hayan inventado aquellas juntas y misterios de maldad en que alguno, el mayor bellaco, se finca Satanás y se componga con aquellos cuernos y traje horrible de obscenidad y suciedad que cuentan. Para apoyar su interpretación del aquelarre recurre a la comparación con las bacanales de la Antigua Roma, concluyendo: “todo mi sentimiento y afecto se inclina a entender que aquéllas hayan sido y sean juntas de hombres y mujeres que tienen por fin el que han tenido y tendrán todos los tales en todos los siglos, que es torpeza carnal”.

Las dudas del inquisidor Salazar sobre la realidad de los hechos eran compartidas por al menos tres eclesiásticos que con anterioridad habían manifestado que “era cosa de risa la materia de brujos”. Estos enviaron al Consejo de la Suprema Inquisición una carta de protesta y finalmente fueron los tres inquisidores de Logroño los que en una carta del 14 de febrero de 1611 pidieron que se enviara a la montaña de Navarra a una persona que “desapasionadamente” investigara los hechos. Además, tras el proceso y el auto de fe, las gentes de la zona vivían aterrorizadas y enfrentadas por las supuestas acciones de los brujos y brujas y esos miedos y tensiones se habían extendido a Guipúzcoa y a Vizcaya, en Santisteban, por ejemplo, una supuesta bruja murió maltratada por la multitud después de ser atada a un poste. La Suprema en menos de un mes envió su respuesta.

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El Consejo de la Suprema Inquisición encargó precisamente al inquisidor Alonso de Salazar y Frías que visitara las comarcas del norte de Navarra y le enviara un informe completo. Para facilitar su labor la orden iba acompañada de un edicto de gracia en el que se invitaba a los supuestos brujos y brujas a arrepentirse de sus errores sin que fueran castigados por ello.

Con el edicto de gracia en la mano y acompañado de dos intérpretes Salazar emprendió su misión durante la cual recorrió en ocho meses, de mayo a diciembre de 1611, el norte de Navarra, de Guipúzcoa y de Vizcaya. “A medida que fue observando los casos, interrogando a los acusados y haciendo hablar a la gente de modo liso y llano, su criterio fue perfilándose más, hasta que llegó a dar como falsas la mayoría de las actuaciones atribuidas a los brujos en aquel caso concreto”, afirma Julio Caro Baroja. En marzo de 1612 Salazar redactó un primer memorial, al que siguió otro que remitió a la Suprema el 3 de octubre de 1613. En esos informes Salazar afirma haber absuelto a cautela a 1384 niños y niñas (entre seis y catorce años, los niños, y entre seis y doce, las niñas) y a 41 adultos y reconciliado a 290. De todas estas personas 81 revocaron sus confesiones anteriores.

Salazar presta especial atención a los testigos constatando que muchos de ellos “nombraron indebidamente a muchos que con certidumbre sabían que no eran culpados” por “sobornos, enemistades o respetos indebidos”. El inquisidor relata, por ejemplo, el caso de una mujer reconciliada en el auto de fe de Logroño que había acusado falsamente a otros de ser brujos y brujas y que luego se arrepintió, pero, como el comisario del Santo Oficio no admitió la revocación de su declaración anterior llamándole embustera y amenazándola con quemarla viva, se suicidó tirándose al río. También señala que en ocasiones los que delatan a los presuntos brujos o brujas son amigos o parientes que les presionan para que confiesen y así obtengan el perdón. Fue el caso de muchos niños que admitieron haber mentido.

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La conclusión del memorial de Salazar es que los fenómenos de brujería investigados son historias inverosímiles y ridículas y todo lo que la relación de Logroño da como cierto, todo lo que comenta De Lacre con gravedad, cae como embuste y patraña ante el método experimental de don Alonso. Los casos se presentan con una abundancia abrumadora y “no sale de la cosa comprobada”, según Salazar. Por ejemplo, en cuanto al modo de ir y volver a los aquelarres mediante ungüentos y polvos que les permitían a los brujos y brujas acudir volando, Salazar dice que “se verificó por sus mismas declaraciones o por otras comprobaciones y algunas también por declaraciones de médicos y experiencias palpables, haber sido todas y cada una de ellas echas con embuste y ficción, por medios y modos irrisorios”.

Salazar relata con detalle estas “experiencias palpables” o experimentos, como recoger veintidós ollas que contenían los “potajes, ungüentos o polvos” con los que se frotaban las brujas para volar y que utilizaban para sus maleficios, y pidió a varios “médicos y hombres peritos” que comprobaran su eficacia sobre animales, a los que no les pasó nada. Prosiguió su investigación sobre los “potajes” brujieres y comprobó que en bastantes ocasiones había sido el miedo y las amenazas de clérigos y comisarios lo que había obligado a las supuestas brujas a inventarse sobre la marcha los brebajes.

Salazar también les demostró a los supuestos brujos y brujas que las cosas que decían no habían ocurrido en realidad, como el caso de mujeres jóvenes que afirmaban haber sido amantes del demonio pero que al ser examinadas por matronas éstas comprobaron que seguían siendo vírgenes. “Sueño” todo o “flaqueza de cerebro”, escribe.

Asimismo, constata que muchos supuestos brujos y brujas confesaron por haber sido torturados por sus vecinos, como el caso de una mujer de Elizondo que le dijo que había admitido ser bruja para librarse de un cepo en el que la tuvieron sujeta la gente del pueblo durante quince días, o el de un hombre al que fueron quemando con un tizón obligándolo “con eso a torcer la verdad”. Y valientemente señala que las torturas “también han concurrido escandalosamente en muchas partes los mismos comisarios y ministros de la Inquisición”, de lo que pone varios ejemplos, como el caso de dos niñas de trece y catorce años de Larrea que habían sido atadas por las manos y el cuello por dos clérigos en la rectoría amenazándolas con llevarlas ante el tribunal de Logroño si no confesaban.

Salazar concluye: los temores de las violencias y prisiones y amenazas que los negativos han padecido hasta confesar, juntamente con las promesas de quietud y perdón que les prometían los clérigos si confesaban, y de que les darían los sacramentos que entretanto les negaban, fueron muy bastantes para hacerles decir cuántas mentiras les mandaban, y así lo comienzan a mostrar los ochenta revocantes con sus confesiones.

Y añade: E tenido y tengo por muy mas que cierto que no ha pasado real y corporalmente ninguno de todos los actos deducidos o testificados en este negocio

Salazar deduce de todo lo que ha averiguado que en el proceso de Logroño no se había actuado con la rectitud y “cristiandad” debida porque se había coaccionado a los procesados prometiéndoles la libertad si se declaraban culpables; no se habían consignado muchas revocaciones de testimonios anteriores, incluso de gentes en trance de morir; y no se había acabado de “averiguar la noticia que tuvieron de que las dos primas y principales descubridoras esta complicidad se jactaran que era mentira”. Una mujer de Lesaca le explica a Salazar que había confesado que era bruja porque todo el mundo hablaba de eso y lo que había contado lo había aprendido del vicario y comisario del Santo Oficio para el que trabajaba y de otras mujeres.

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Además, Salazar aseguraba que eran los libros y, sobre todo, los sermones sobre la brujería los que hacían que ésta se extendiera, por lo que recomendaba que no se le diera publicidad, convencido de que la brujería acabaría por desaparecer si se dejaba de hablar de ella. Uno de los ejemplos que aportaba era lo sucedido en Olagüe, cerca de Pamplona, donde tras la predicación de un fraile la gente empezó a creer ciegamente en la existencia de brujos y de brujas. Salazar concluía:

No he hallado certidumbre ni aun indicios de que se pueda colegir algún acto de brujería que sea real y corporalmente haya pasado. Y así también tengo por cierto que, en el estado presente, no sólo no les conviene nuevos edictos y prorrogaciones de los concedidos, sino que cualquier modo de ventilar en público estas cosas, con el estado achacoso que tiene, es nocivo y les podría ser de tanto y de mayor daño como el que ya padecen. No hubo brujas ni embrujados en el lugar hasta que se comenzó a tratar y escribir de ellos.

El informe de Alfonso de Salazar fue asumido por la Suprema que dio nuevas instrucciones a los tribunales el 29 de agosto de 1614 en las que se recogían casi todas las ideas del inquisidor, quien, como destacó Julio Caro Baroja, “se adelantó de modo considerable a los que difundieron en Europa ideas concebidas en el mismo sentido”, como el famoso jesuita alemán Friedrich Spee. Un resultado concreto de las nuevas instrucciones fue que se intentó reparar a las víctimas del auto de fe de Logroño ordenando que sus sambenitos no quedaran expuestos en ninguna iglesia, y de esa forma, como señala Henry Kamen, “no cayó ningún estigma sobre ellas o sus descendientes”.

Las instrucciones de la Suprema del 29 de agosto de 1614, debidas en gran parte a Salazar, según el antropólogo español Carmelo Lisón Tolosana, marcan el fin de la brujería satánica en España. Pero no en Europa. Curiosa paradoja: la flexibilidad y moderación que, en conjunto y comparativamente, caracterizó la actuación de la Suprema frente a las brujas poco tuvo que ver con el trato brutal al que las sometieron las autoridades de todo tipo en Europa occidental y, sin embargo, la Inquisición española ha pasado a ser en esa misma Europa el símbolo del terror y de la maldad sin límites, de la perversidad suprema, del Mal.

Los informes de Salazar pusieron de manifiesto la existencia de un increíble miedo hacia la Inquisición, miedo que se había materializado en denuncias falsas, linchamientos públicos, extorsiones y sobornos, sacando a la luz las terribles consecuencias sociales de un fenómeno como fue el de la caza de brujas.

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Un fenómeno que en Zugarramurdi no ha caído en el olvido, y que es rememorado todos los agostos mediante la festividad del Día de las Brujas.

 

Esperamos que viajar al mundo de las brujas os gustara tanto como a mi haberos escrito esta nueva entrada, nos vemos en el próximo post.

Elena G.

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EL CASO DE LAS BRUJAS SUTHERLAND

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Hola amig@s, hoy os traemos una nueva leyenda/realidad que esperamos que os guste, brujas, despilfarro de dinero y una historia que dio lugar al famoso barrio del Norte de Londres Seven Sisters, vendieron su alma al diablo???  no olvidéis seguirnos y comentar.

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La madre de las hermanas Sutherland había inventado un ungüento con el que, aseguraba que el pelo de sus hijas crecería más rápido y más fuerte. La peste que manaba de sus infinitas melenas debió de ser nauseabundo, porque ellas avergonzadas, optaban por recogerse el pelo en trenzas para disimular el hedor y evitar que el fuerte olor llegase a todas las personas que las rodeaban. Las niñas huían de ellas.

Nadie podía imaginar que aquellas niñas que cuidaban pavos en la granja familiar de Cambria, descalzas y con ropas harapientas, llegarían a ser famosas y millonarias por sus melenas. Barrían el suelo con sus ondas: treinta y siete pies (más de once metros) de pelo sumaban entre Sarah, Victoria, Isabella, Grace, Naomi, Dora y Mary. Solo su padre, Fletcher Sutherland, empezó a vislumbrar la forma de explotar a sus hijas y de enriquecerse a su costa.

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Las niñas, que nacieron entre 1845 y 1865 en el condado de Niágara, estado de Nueva York, y nunca mostraron en su juventud ninguna inclinación por vender su imagen, sino por la música. Antes de hacerse famosas, se dedicaban a dar conciertos a lo largo de todo el estado de Nueva York, llegando a ofrecer una serie de actuaciones en la exposición de Atlanta, celebrada el año 1881.

Alrededor de 1884, cuando las hermanas viajaban con el Circo de Barnum, su padre, Fletcher Sutherland, se percató de que el cada vez se reunía un público más numeroso en sus actuaciones. Pero al mismo tiempo se dio cuenta de que la gran mayoría de las personas iban para ver el cabello de las niñas más que para escuchar su canto. «A pesar de que sus espectáculos, que constaban de música religiosa y baladas de salón, recibieron muy buenas críticas, fue en última instancia el pelo de las chicas lo que parecía atraer la mayor atracción», escribió su biógrafo, el señor Stickney.

Demostrando una gran visión para los negocios, el padre lanzó al mercado una loción que llamó el «Cultivador de pelo de las hermanas Sutherland», con la que hacer creer a sus posibles clientes de que la consecuencia de que a sus hijas –Sarah, Victoria, Isabella, Grace, Naomi, Mary  y Dora– les llegara el pelo por los tobillos se debía única y exclusivamente a su producto. Y para que no quedaran dudas, envió una muestra a analizar, de la que un médico y químico de prestigio aseguro: «Habiendo hecho un análisis químico del tónico capilar preparado por las siete hermanas Sutherland, por este medio certifico que lo he encontrado libre de toda sustancia perjudicial. Es, fuera de toda duda, la mejor preparación para el cabello que jamás se ha hecho»

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Aprendieron a cantar y tocar varios instrumentos y formaron un coro ambulante del que, a pesar de las buenas críticas, poco importaba lo bien o lo mal que cantasen. El público acudía atraído e hipnotizado por su pelo. De iglesia en iglesia y de feria en feria, Seven Sutherland Sisters se convirtieron en las primeras modelos famosas de Estados Unidos, según el biógrafo Brandon Stickney. Las grandes compañías itinerantes y los circos más prestigiosos se rifaban a las hermanas conocidas como ‘las siete maravillas’. En 1884 firmaron con Barnum and Baileys’s. Por la calle las paraban, compraban posters y envidiaban sus melenas. Algunas fans intentaron, incluso, cortarles y robarles pelo. Stickney escribió que una admiradora llegó a ofrecer 2.500 dólares a Victoria por cortarse el pelo: «Declinó la oferta, pero vendió un mechón a un joyero por 25 dólares».

Cuando murió la madre, en 1867, el padre se afanó por reinventar la loción que hacía que las otras niñas huyesen despavoridas de sus hijas. Así creó un tónico crecepelo y aprovechó las melenas de las hermanas como reclamo, amparándose en la idea de que si les llegaba el pelo al suelo, era gracias al milagroso producto que habían usado durante años. El padre, obsesionado con mostrar que el producto que decía haber inventado para frenar su propia caída de pelo era realmente milagroso, envió el tónico a un químico que certificó las bondades del mejunje y lo consideró el mejor producto para el pelo.

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Bailey, que cortejaba a una de las hermanas, registró ‘Sutherland SistersCorporation’. El éxito de su iniciativa fue tal que en el primer año de ventas obtuvo cerca de 90.000 dólares de beneficio, gracias a su fama como producto «milagro» para aquellos que querían ver crecer su cuero cabelludo. Unos ingresos que, a lo largo del tiempo en que este tónico estuvo en el mercado, ascendieron hasta los tres millones de dólares, gracias, entre otras cosas, a que posteriormente el patriarca de los Sutherland añadió a sus productos un limpiador del cuero cabelludo y ocho tonalidades de color.

El precio de cada bote equivalía al salario de hasta una semana de un neoyorkino de entonces. ‘It’sthehair, notthehat’, fue su eslogan más conocido. Llenaban las portadas de los periódicos más importantes, ocupando el lugar de los asuntos políticos más relevantes de la época. Con el tiempo su empresa abrió sucursales por todo E.E.U.U, e incluso en la Habana, formando una red de 28.000 distribuidores.

Gracias a las tácticas de marketing de los Sutherland, consiguieron vender más de 2,5 millones de botellas de sus productos hasta 1890, menos de cuatro años después de que comenzara su producción. Y cada botella se vendía a un precio de entre 50 centavos y 1,50 dólares, lo que era prácticamente el salario de toda una semana de un trabajador medio en aquella época.

Tras la muerte del ambicioso padre, las hijas fueron dejando de cantar para centrarse en promocionar el producto. Llegaban a otras ciudades, se colocaban en el escaparate de droguerías y así pasaban las horas, como maniquís vivientes que atraían a las masas. Su empresa no dejaba de generar dinero a espuertas y crearon otros productos para el pelo y la cara. Cuando Bailey falleció, las hermanas, a excepción de Naomi, que también había muerto, se encargaron de la empresa familiar. Fueron mujeres de negocios en una época en la que de una mujer se esperaba que fuese ama de casa. De ellas se ha dicho que varias no se casaron para impedir que un hombre manejase sus asuntos.

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La riqueza derivó en una vida de extravagancias, aunque de cara al público siempre llevaban consigo una biblia forrada en cuero. En 1893 decidieron volver al lugar en el que se criaron y mandaron construir una mansión de catorce habitaciones que albergaba todo tipo de lujos como agua corriente fría y caliente, maderas nobles y baños de mármol y toda una serie de lujos al alcance de prácticamente ninguna persona Famosos fueron sus escándalos: orgías, drogas, estrafalarios funerales de mascotas y hasta muertos conservados en casa. Los cuartos de los sirvientes también eran opulentos y las mascotas tenían incluso armarios de verano  e invierno. En las fiestas no faltaban los fuegos de artificio. Por todo lo que se contaba de ellas, fueron criticadas por poliamorosas y acusadas de brujería.

Frederick Castlemaine, un pistolero francés, estuvo cortejando a Dora, aunque terminó casándose con Isabella. Castlemaine, que habría sido adicto al opio y a la morfina, tenía la costumbre de disparar a los radios de las ruedas de los carruajes. Para contentar a los vecinos, que estaban hartos de él, les entregaba considerables sumas de dinero para que siguiesen aguantándole a él y su molesta afición. Cuando se suicidó, mantuvieron su cadáver en casa durante diez días hasta que las autoridades, espantadas por el hedor, les pidieron que enterrasen el cuerpo. Los vecinos decían que Isabella iba todas las noches al cementerio y hablaba con la tumba de su marido. Al menos durante dos años, hasta que encontró sustituto al difunto.

La historia del cadáver en casa se repitió cuando murió Sarah. Por lo visto, les costaba tanto desprenderse de los cadáveres como del pelo que nunca se cortaron

La suya es una historia de sustituciones. En la mansión tenían maniquís a medida de cada una que iban enviando temporalmente a los escaparates en los que ellas mismas se habían expuesto. Hasta 1907, Seven Sutherland Sisters continuaron de gira con Barnum’s. Cuando finalizó, y para no romper la simbología del número siete, encontraron una sustituta tras la muerte de Naomí. A Victoria la expulsaron de la mansión cuando se casó con un chico casi veinte años más joven. Tampoco tardaron en encontrarle réplica.

Cuando Mary, mentalmente inestable desde siempre, comenzó a amenazar y maldecir a sus hermanas, las otras no pudieron seguir soportando su presencia y la encerraron en su habitación.

El pelo obsesionaba a las mujeres victorianas y eduardianas casi tanto como la palidez de la piel. No solo era una cuestión de feminidad, también lo era de estatus: no todas podían permitirse el tiempo y el dinero para peinar aquellas infinitas melenas y comprar los mejores productos para mantenerlas. Las enfermedades frecuentes provocaban la caída del pelo, pero una melena descuidada en el siglo XIX era un pecado.

Por paradójico que resulte, nada era tan sexy como una larga melena bien cuidada. Se pusieron de moda los retratos de mujeres de perfil, luciendo sus sinuosas ondas ante la cámara. Cualquiera diría que, aunque muy tapadas, bien pudo tratarse de las primeras pin-ups. El pelo, además de erótico, había adquirido un carácter mágico.

El pelo de la cabeza, mientras forma parte del cuerpo, se le dispensa un trato cariñoso, tiñéndolo, peinándolo y adornándolo de la forma más elaborada, pero tan pronto como se corta deviene «suciedad» y se asocia de manera explícita y consciente con las  sustancias contaminantes, las heces, la orina, el semen y el sudor. La suciedad es claramente un material mágico; confiere al barbero y al lavandero un poder peligroso y agresivo, mas no se trata del poder de un individuo en particular

Los productos para el pelo comenzaron a ser más populares entre las mujeres occidentales. Además del tónico crecepelo y los tintes de las hermanas Sutherland, otra marca muy conocida a finales del siglo XIX fue Edward’sHarlene Co. La empresa londinense que fundó alrededor de 1880 un hombre de identidad variable y finalmente conocido como Rubén George Edwards. Uno de los productos que más gustaba a las mujeres victorianas era la grasa de oso pardo, tanto que, según Madeleine Marsh, redujeron la población de osos en Rusia.

Cortarse el pelo estaba mal visto. Las mujeres que podían permitirse exponer su melena al viento porque sus escasos quehaceres se lo permitían, pudieron prescindir de los moños y recogidos tan necesarios que incluso se explicaban paso a paso en los periódicos. Un pelo bien cuidado, según los cánones victorianos, tenía que peinarse durante diez minutos, al menos cuatro veces al día (lo que a veces suponía horas de cepillado) y había de lavarse una vez al mes. Lo cual entonces ya era demasiado.

A tal punto llegó la obsesión por el pelo casi convertida en fetichismo que todo tipo de prejuicios circulaban sobre el carácter de las mujeres en función de su pelo: las de pelo ondulado eran consideradas más dulces y, cuanto mayor fuese la melena, más fogosa sería su portadora. De la sexualidad de la que se dotó la melena femenina, casi podría deducirse que, cuando una niña se soltaba las trenzas se convertía en mujer.

Durante la Primera Guerra Mundial, las mujeres pasaron a trabajar en las fábricas y a ocupar otros puestos relacionados con la guerra. Hasta entonces, a las mujeres de las clases más bajas no les quedaba más remedio que recoger sus melenas, puesto que no podían permitirse mantenerlas. Las casadas, por decoro, también se recogían el pelo. Pero cuando empezaron a cortarse el pelo, las cosas ya estaban cambiando.

Si la mujer victoriana solo llegaba a cortarse el pelo en casos de extrema necesidad, la mujer de los años 20 que se había incorporado a la vida laboral, comenzó a hacerlo para facilitar el trabajo y sentirse más cómoda. Y no solo se cortaban el pelo y lo vendían para conseguir algo más de dinero, también se convirtió en moda. Así surgieron las flappers: mujeres liberadas, con el pelo cortado al estilo Bob que adoptaban actitudes típicamente masculinas en aquella época, como beber alcohol, fumar, conducir rápido o frecuentar clubes de jazz por las noches.

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Si alguien supo plasmar este cambio fue F. Scott Fitzgerald. En su cuento ‘Berenice se corta el pelo‘, una chica envidiosa empuja a su prima Berenice a cortarse el pelo como un chico para ser más popular. Aunque en el fondo solo quiere ridiculizarla porque la considera incapaz de cortarse la melena, consigue que su familia la rechace por su aspecto anti femenino.

«Fascinada, Berenice observaba cómo crecían las trenzas. Eran pesadas, opulentas, y se movían entre los ágiles dedos como serpientes, y a Berenice apenas le quedaban unas reliquias, y las tenacillas de rizar, y todas las miradas que la acecharían en el futuro», escribe Fitzgerald.

Cuando en los años 20 las hermanas se cortaron el pelo a lo chico, la compañía empezó a decaer.  A medida que esta moda se extendió, la debacle fue mayor.

Con la nueva moda, el éxito de las Seven Sutherland Sisters tenía los días contados. Dora murió en un accidente de tráfico cuando, arruinadas, las tres hermanas que quedaban fueron a Los Ángeles para intentar vender su historia. Mary y Grace hicieron lo posible por mantener la empresa a flote, cuando ya nadie necesitaba su crecepelo, porque, sencillamente, ya nadie quería tener el pelo largo. No obstante, en 1930 sus productos todavía se anunciaban.

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Cuatro de ellas se casaron y solo una tuvo hijos. En 1920 solo quedaban vivas dos hermanas, Mary y Grace. Un incendio acabó con todos los documentos de las hermanas y Mary fue ingresada en un sanatorio. Cuando Grace murió, en 1956, no tenía dinero ni para ser enterrada en el mausoleo familiar. Así que inhumaron su cadáver sin lápida y sin nombre.

Su estrellato fue tan efímero como la base en la que se sostenía su fama. Ninguna moda es eterna.

 

Elena G.

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